El cerebro podría “compensar” el daño producido por el Alzheimer

Por : Smitha Mundasad

El cerebro humano podría ser capaz de compensar los cambios tempranos que se detectan en la enfermedad de Alzheimer, según una investigación publicada en Nature Neuroscience.

El estudio sugiere que algunas personas utilizan un poder neural extra para ayudar a mantener su habilidad de pensar. Los científicos esperan que estos hallazgos arrojen luz sobre por qué solo algunas personas con signos tempranos de deterioro desarrollan un severo declive de su memoria. Pero los expertos alertan que será necesaria mucha más investigación para entender estos procesos.

El estudio liderado por investigadores de la Universidad de California se hizo sobre 71 sujetos adultos sin signos de declive cognitivo. El scaneo del cerebro en 16 sujetos mayores detectó depósitos de proteina amiloide considerada el sello de la enfermedad de Alzheimer. A todos los participantes se les pidió que memorizaran en detalle una serie específica de dibujos mientras se escaneaba su actividad cerebral. Luego se les pedía que recordaran lo esencial y finalmente el detalle de todas las láminas que habían visto.

Los dos grupos tuvieron buen desempeño pero el grupo con proteina amiloide en sus cerebros mostró mayor actividad cerebral al recordar las imágenes en detalle.

Los científicos dicen que esto sugiere que sus cerebros tienen la habilidad de adaptarse y compensar cualquier daño temprano causado por esta proteina.

La Dra. Laura Phipps,   responsable de la comunicación científica en la organización benéfica Alzheimer´s Research UK, dijo: “Este pequeño estudio sugiere que nuestros cerebros tendrían formas de resistir al daño inicial que producen estas proteínas pero serán necesarios más estudios para poder interpretar estos resultados”.

Y agregó: ” Se necesitan estudios longitudinales para confirmar si la actividad extra del cerebro vista en la investigación, es el signo de un cerebro que se compensa de un ataque temprano y si esto sucede, por  cuanto tiempo sería capaz el cerebro de enfrentar este daño.-“

Los científicos buscan entender por qué algunas personas con acumulación de esta proteína son mejores que otras a la hora de usar distintas partes de su cerebro.

Dice el Dr. William Jagust- miembro del equipo investigador- : “Pienso que es muy posible que las personas que pasan más tiempo haciendo actividades cognitivas tengan cerebros que se adapten mejora a los daños potenciales”.-

Fuente : http://www.bbc.com/news/health-29181843

Traducción : Raquel Ferrari

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Mariano Sigman: hay una falta de espacios genuinos para investigar en neurociencia cognitiva

Mariano Sigman es el nuevo director del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella.Obtuvo su licenciatura en Física de la Universidad de Buenos Aires (1997), doctorado en Neurociencia (Ph.D.) en Rockefeller University (Nueva York) e hizo un postdoctorado en Ciencias Cognitivas (2002-2005) en el Collège de France (París).

-¿Por qué eligió venir a la Universidad Di Tella y dejar su trabajo en la UBA?
Yo vine a la Argentina hace 8 años. Estuve antes de esto unos casi 10 años afuera, donde entre doctorado y posgrado desarrollé un programa de investigación en neurociencia cognitiva. Es algo que está entre la neurociencia y la psicología. Eso en el mundo es un lugar común. En las universidades de Europa y Estados Unidos hay un departamento de neurociencia cognitiva o computacional. En la Argentina, no. En parte por un divorcio histórico en el que la psicología está muy asociada al psicoanálisis y ajena a la ciencia.
Eso hace que los que venimos haciendo esta disciplina caigamos en distintos lugares: algunos se fueron a medicina, otros a computación, otros a física, porque la neurociencia tiene que ver con todo eso. Yo estuve unos años en el departamento de física de la UBA. Mi abordaje tiene que ver más con los fierros y análisis de datos, redes y volúmenes grandes de datos para lo que usamos herramientas de la física. Las preguntas que nos hacemos de cómo pensamos, cómo recordamos, cómo decidimos, tienen que ver con la psicología. Venir a Di Tella tiene que ver con crear un primer espacio que sea un ambiente genuino donde investigar neurociencia cognitiva.
Si a usted le tocara explicarle una persona que no sabe nada del tema, ¿qué le diría que es la neurociencia y su aplicación práctica?
Una de las cosas más importantes es entender que mucho de lo que somos y hacemos tiene que ver con el cerebro que nos constituye. Esto es mucho más claro cuando uno lo piensa en la motricidad del cuerpo. Por ejemplo, uno sabe que tiene que elongar antes de correr porque sino los músculos se desgarran. Sabe que puede trabajar fácilmente algunas cosas, como la resistencia, pero mucho menos fácil la velocidad. Así vivís mejor con vos mismo porque sabés en dónde podes exigirte y en dónde no. Eso que para el cuerpo es bastante claro, con el aparato psíquico, con el pensamiento, es más confuso.
Uno se enoja con alguien porque está deprimida o porque es impulsiva. Y en cierta medida es como que te enojes con una persona que se fracturo una pierna porque no puede correr. Cuando vos entendés que atrás del pensamiento hay un aparto constitutivo que es el cerebro, que es un órgano, que tiene su manera de funcionar y tiene sus cosas que lo hacen en ciertas circunstancias funcionar con más o menos dificultad, entrás en un espacio de comprensión de vos mismo y de los otros que puede hacer que las cosas funcionen mejor. En el plano educativo es muy claro.
Estigmatizar a un chico disléxico como un vago o como alguien con falta de voluntad para aprender a leer (que se hace) es absurdo y nocivo. En la mayoría de los casos, un disléxico es un chico con un problema bastante específico en la parte del cerebro que empalma la visión con la audición. Esto no estigmatiza ni condena, al revés, da una oportunidad del cambio y para no condenar a alguien por aquello que le presenta, genuinamente más dificultades.
¿Cómo está parada Argentina hoy con respecto a los otros países del mundo en el terreno de la neurociencia?
Tradicionalmente, en la Argentina la neurociencia cognitiva estuvo muy vapuleada. Jacques Mehler, que es uno de los grandes fundadores de la neurociencia cognitiva, es argentino. Como tantos otros, tuvo que irse de la Argentina en un exilio político. Pero luego, para él, se volvió una suerte de exilio intelectual.
En Argentina la idea de que vos podés estudiar como pensamos, sentimos y nos desarrollamos desde una perspectiva científica fue muy atacada hasta hace no tantos años. La razón era suponer que la identidad es algo ajeno a las reglas que rigen la materia. Que cada uno es alguien distinto y que ningún aspecto de la personalidad es reductible a reglas materiales constitutivas.
Para hacer ciencia vos tenés que hacer una cantidad de simplificaciones que fueron tradicionalmente muy cuestionadas. Por ejemplo, tenés que asumir que pese a que cada persona es distinta y única, existen ciertos aspectos comunes que hace posible abordar preguntas en grupos de personas. Que estudiar cómo responde distinta gente a algo no es combinar peras y manzanas.
También tenés que asumir que el comportamiento humano tiene un origen biológico, constitutivo y no deviene de una suerte de fantasma mental.
A quien esbozaba este paradigma se lo atacaba virulentamente en la Argentina, acusándolo de positivista, reduccionista, simplista. De que estabas abordando algo muy complejo como la mente humana como si estuvieses trabajando con madera. Eso era una crítica en parte epistemológica, pero aún más ideológica. A alguien como Jaques se lo acusaba de reaccionario, no de hacer buena o mala ciencia. Ahora esto cambió muy de golpe. Pasa todo lo contrario y la neurociencia está que explota. Esta mezcla resulta rara. Por un lado cualquier pavada que decís del cerebro suena bien. Al mismo tiempo hay una falta de espacios genuinos para desarrollar esta investigación en lugares propios.
La razón principal es que la neurociencia es una ciencia nueva. Las tradicionales son física quimica matemática, ciencias social, políticas, derechos. Esa es la clasificación del siglo XVIII. Muchas de nuestras universidades siguen regidas por esta taxonomía. Y es difícil cambiar eso porque hay estructuras que van desde los departamentos hasta el ministerio de Educación, que determinan  cómo se clasifica el conocimiento en un programa de carreras. En Estados Unidos, hay más versatilidad para poder cambiar rápido lo que hace que los departamentos de neurociencia cognitiva, o de nanotecnología (que combina física, química ingeniería…) sean más comunes. Desde el ministerio de Ciencia hay mucha voluntad para que esto cambie, pero se requieren muchos cambios articulados entre distintos sectores de la sociedad.
-¿En qué trabajos o investigaciones se va a centrar?
Di Tella tiene una tradición en ciencias humanas. La ciencia que haremos no va a cambiar radicalmente de  lo que hacíamos en la UBA. Estudiamos problemas de la neurociencia humana que tiene que ver con la toma de decisiones, la percepción, la consciencia, las emociones, en gran medida con la neurociencia social, de cómo nos relacionamos, nos comunicamos.
El aprendizaje, en particular, por qué aprendemos algunas cosas y no otras. Esos son nuestros pilares. En Di Tella vamos a relacionar estas cosas con las ciencias humanas y sociales. Eso es nuevo para el país y para mí.
Por ejemplo, la toma de decisiones es pertinente para la economía. Para la economía es pertinente saber por qué alguien decide comprar o no, por qué ahorrar o gastar. La psicología humana dicta en gran medida estas decisiones que a su vez condicionan el consumo.
En Di Tella los problemas en toma de decisiones, naturalmente se va a dirigir a ese tipo de marcos. Otra intersección natural es en la neurociencia de las decisiones morales y el derecho. Por qué algunas cosas nos parecen bien o mal, otras nos emocionan, otros nos parecen feas y otras no las haríamos. Estudiamos cómo estas intuiciones que dictan en gran medida nuestros juicios en la vida cotidiana, muchas veces sin saberlo, terminan expresándose en un sistema formal de derecho, judicial.
O la educación: cómo aprender a leer, porque algunos tiene dislexia y cómo puede mejorarse al práctica educativa para que sea más inclusivas. Muchas de estas cosas las investigamos hace tiempo. En Di Tella, esperamos poder cuajar un camino para aplicar esta investigación en una dirección que tenga pertinencia más pertinencia al desarrollo de políticas educativas.
Ahora hay un boom de la neurociencia, principalmente gracias a Facundo Manes. ¿Qué opina de este fenómeno?
Es complicado responder esto genéricamente. Manes es un tipo al que yo le tengo admiración, respeto y cariño. Divulga desde un lugar a la vez muy sólido y con muchísimo conocimiento. Luego, hay de todo. Como cuando algo está muy de moda, tenés divulgación excelente, muy buena, buena, regular y mala.
Un problema más general es que la ciencia en general tuvo una relación esquizofrénica con la sociedad y los medios de comunicación. Por un lado estigmatizarla y marginalizarla, con el científico raro, despeinado, con guardapolvo, haciendo algo que nadie entiende y presumiblemente no sirve para nada, y al mismo tiempo endiosarla en una tapa de gran diario que dice “Científicos descubren la cura del cáncer”.
¿De quién es culpa eso? Es muy difícil culpar al tipo que dio la nota, que seguro no dijo eso. Hay un proceso de deformación en los diarios que tiene que ver con el deseo del editor para que la gente lo lea. Hay un teléfono descompuesto que hace que uno tenga un resultado genuino como encontrar una droga que cambia la expectativa de vida de 7 años a 7,8 años, que ya es mucho, a un titular que dice “Argentino resolvió el cáncer”.
Ese proceso de divulgación es más sensible cuando esta masificado, cuando llega a medios que tienen una imposición de contar noticias calientes y no reflexivas con sus matices. En 200 palabras no tenés lugar para decir “ojo que…”. La fórmula típica es decir “Argentino descubre vacuna para el cáncer” y al final una nota que es “pero advierten que todavía no está del todo probada” para decir “yo me cubrí”.
La neurociencia forma parte de este proceso genérico de distorsión mediática. Desde mi punto de vista es importante y sano que se divulgue la neurociencia. No veo nada malo, me parece mejor que esté eso en los medios que la gran mayoría de los mamarrachos que aparecen en televisión. Obviamente si vos tenés mucha demanda y no mucha oferta de gente que pueda divulgarla bien, aparece un poco de “chanterío”, de gente que se sube al caballo de algo. En resumen, a mí me parece muy bueno que haya divulgación, creo que mucha es buena, alguna es mala y alguna es oportunista aprovechando la moda pero no tiene que ver solo con el que comunica sino con toda la cadena editorial.
-Vayamos al tema de la financiación. ¿Las inversiones públicas tienen mejor prensa que las privadas?
Puede ser. Di Tella es una universidad privada pero sin fines de lucro. No es una empresa. Es como Harvard. A veces lo privado y lo público se confunden. El trabajo que hacemos los profesores aquí se parece mucho al que haríamos en una universidad pública. Todo mi trabajo resulta en conocimiento público. Además, mi laboratorio está mayoritariamente financiado por el Estado, además de organismos públicos y privados del extranjero.
Algunos aspectos de la investigación que nosotros hacemos en el laboratorio se desarrolla por otros grupos en ámbitos netamente privados. Por ejemplo, consultorías que usan herramientas de la neurociencia para asesorar a empresas en cómo hacer una publicidad o desarrollar estrategias de marketing. Nosotros no hacemos eso. No hacemos un uso lucrativo de la neurociencia.
Hacemos cosas aplicadas, como por ejemplo, un software educativo, financiado y apoyado logísticamente por la Fundación Sadosky, que se ha utilizado para mejorar el desarrollo educativo en escuelas públicas y es por supuesto de acceso libre y gratuito. En general definir lo privado y lo público es una arena complicada. En la Argentina también hay un poco de estigmatización con eso y yo nunca me llevé bien con las fronteras tradicionales que nos imponen. Una es la disciplinaria y otra es la estigamtización de lo público y lo privado. A mí me gusta poder mezclar estos nichos.
-Mencionó que se usa el estudio de la neurociencia para el marketing. ¿Hay ciertos patrones que se pueden estudiar para llevar a que la gente actué de tal manera? ¿Se sabe cuáles son?
Claro que sí, hay un montón. Eso lo sabe la gente en el mundo aplicado. Por ejemplo, cuando eligen a un candidato político lo “miden”. Esto significa que se fijan que tenga una cantidad de propiedades que tiene que tener para que funcione como candidato. Muchas deberían ser muy poco pertinentes, cómo qué cara tiene. Uno piensa que lo más importante deberían ser las ideas o que acciones toma, pero eso no es lo que la gente vota. En gran medida, como en tantas otras decisiones, se vota el producto, un envase. El tipo que es un curador político sabe eso y busca candidatos que funcionen de esa manera. Y no solo para los políticos. Una pasta de dientes o una película también. Por supuesto que hay gente que sabe un montón sobre los sesgos en como elegimos, como nos emocionamos, sin que sea necesario conocer nada de neurociencia.
Pero para lograr algo así, ¿hace falta consultar a alguien como usted?
Claro que no. Hay mucha impostura en eso. Para mí el que mejor entiende las emociones humanas es Hollywood. Mucho mejor que el laboratorio de emociones del MIT. Los tipos saben qué tienen que hacer para que a los 17 minutos vos te rías un poco, después te dé tensión y finalmente llores. Y logran que un 94% de la población en China, África, España y acá, sea sensible a un algoritmo que desarrollaron que les permite producir genéricamente en casi todo el mundo las emociones que quieran. A muchos científicos les encantaría poder entender con tal grado de precisión cómo funcionan las emociones.
 
¿A usted qué le genera saber que una persona en Hollywood es capaz manejar a la perfección este tema?
Me genera admiración. De hecho, trato de acercarme a ellos y trabajo con artistas, músicos, cocineros, magos, gente del cine. Yo pienso que uno se acerca al conocimiento a través de distintas ventanas; no soy un convencido de que la mía sea mucho mejor que la de otros. Tampoco peor. Mi camino tiene valor. Quiero y respeto a la ciencia. Yo convivo con la gente que, como en Hollywood, entiende de manera pragmática aspectos del pensamiento humano que a nosotros se nos escapa. No me da ni celos, ni bronca. Trato de pensar qué es lo que los tipos hacen para entender esto y utilizar lo que ellos descubrieron. Lo que pasa con muchos de estos emprendimientos privados es que vos descubrís algo que lo querías hacer por tu lado y eso no se esparce, no se propaga.. Nadie nunca sabe que vos hiciste eso. La ciencia tiene esa estrategia que la hace efectiva de diseminar sus resultados. Vos descubrís algo y se lo contás a los demás para que lo puedan usar. En los emprendimientos privados esto no pasa, entonces tratás de espiarlos y darte cuenta qué lograron y cómo para poder usarlo. Somos, a veces, hackers del conocimiento.
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Neurocientíficos logran revertir la asociación emocional entre recuerdos

Un nuevo estudio de neurocientíficos del MIT (Massachusetts Institute of Technology), en Cambridge, Estados Unidos, revela el circuito cerebral que controla cómo los recuerdos se vinculan con emociones positivas o negativas. Los científicos encontraron que podían revertir la asociación emocional de recuerdos específicos mediante la manipulación de las células del cerebro con optogenética, una técnica que utiliza la luz para controlar la actividad de las neuronas.

Los resultados, descritos en el número de este jueves de Revista NATURE, demostraron que un circuito neuronal que conecta el hipocampo y la amígdala juega un papel crítico en la asociación de la emoción con un recuerdo. Esta vía podría ofrecer un blanco para nuevos medicamentos para ayudar a tratar condiciones como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), adelantan los investigadores.

  “En el futuro, uno puede ser capaz de desarrollar métodos que ayuden a la gente a recordar recuerdos positivos con más fuerza que los negativos“, plantea el autor principal del estudio, Susumu Tonegawa, profesor de Biología y Neurociencia, director del Centro RIKEN-MIT para la Genética del Circuito Neural del Instituto para el Aprendizaje y la Memoria del MIT.

Los recuerdos están hechos de muchos elementos, que se almacenan en diferentes partes del cerebro, y el contexto de un recuerdo, que incluye información sobre el lugar donde tuvo lugar el evento, se almacena en las células del hipocampo, mientras que las emociones vinculadas a ese episodio se encuentran en la amígdala.

Investigaciones anteriores han demostrado que muchos aspectos de la memoria, incluidas las asociaciones emocionales, son maleables. Los psicoterapeutas se han aprovechado de esto para ayudar a los pacientes que sufren de depresión y trastorno de estrés postraumático, pero el circuito neural que subyace a la maleabilidad se desconocía.

En este estudio, los expertos se dispusieron a explorar esa maleabilidad con una técnica experimental que les permite etiquetar las neuronas que codifican un recuerdo específico o engrama. Para lograr esto, marcaron las células del hipocampo que se encienden durante la formación del recuerdo con una proteína sensible a la luz llamada canalrodopsina. A partir de entonces, cada vez que esas células se activan con la luz, los ratones rememoran el recuerdo codificado por ese grupo de células.

Reactivación de recuerdos

El año pasado, el laboratorio de Tonegawa usó esta técnica para implantar falsos recuerdos en ratones mediante la reactivación de los engramas, mientras que los roedores fueron sometidos a una experiencia diferente. En el nuevo estudio, los científicos querían investigar cómo el contexto de un recuerdo se vincula a una emoción particular.

En primer lugar, utilizaron su protocolo de etiqueado del engrama para marcar las neuronas asociadas con una experiencia gratificante (para los ratones machos, socializar con un ratón hembra) o una experiencia desagradable (un choque eléctrico leve). En este primer conjunto de experimentos, los investigadores marcaron células de recuerdo en una parte del hipocampo llamada circunvolución dentada.

Dos días más tarde, los roedores fueron colocados en un gran espacio rectangular y, durante tres minutos, los investigadores vieron qué mitad del campo preferían los ratones de forma natural. En los ratones que habían recibido el condicionamiento del miedo, los científicos estimularon las células marcadas en el giro dentado con la luz cada vez que el animal entró en el lado preferido, de forma que estos animales comenzaron a evitar cada vez más esa zona, mostrando que la reactivación del recuerdo del miedo había tenido éxito.

El recuerdo de la recompensa también se pudo reactivar: en el caso de los ratones a los que se les había preparado para la recompensa, los investigadores les estimularon con luz cada vez que entraban en el lado menos preferido, de forma que de pronto comenzaron a pasar más tiempo allí, recordando el recuerdo grato.

Un par de días más tarde, los investigadores trataron de revertir las respuestas emocionales de los ratones. Para los ratones machos que recibieron originalmente el condicionamiento del miedo, se activan las células de memoria que participan en el recuerdo del miedo con la luz durante 12 minutos, mientras que los ratones pasaban tiempo con los ratones hembra. Para los ratones que habían recibido inicialmente la recompensa acondicionado, células de memoria se activaron mientras recibían descargas eléctricas leves.

A continuación, los investigadores pusieron de nuevo los ratones en el gran estadio de dos zonas. Esta vez, los ratones que originariamente recibieron el condicionamiento del miedo y habían evitado el lado del campo en la que sus células del hipocampo se activan por el láser, ahora empezaron a pasar más tiempo en esa zona, cuando se activaron las células del hipocampo, lo que muestra que una asociación agradable sustituyó a la del miedo. Esta inversión también se llevó a cabo en ratones que fueron condicionados para la recompensa.

Sin cambios con las células de la amígdala basolateral

Posteriormente, los autores de este trabajo llevaron a cabo el mismo conjunto de experimentos, pero con las células de memoria etiquetadas en la amígdala basolateral, una región implicada en el procesamiento de emociones. Esta vez, no pudieron inducir un cambio reactivando las células, de forma que los ratones continuaron comportándose conforme habían sido condicionados cuando las células de recuerdo fueron etiquetadas inicialmente.

  Esto sugiere que las asociaciones emocionales, también llamadas valencias, se codifican en alguna parte del circuito neuronal que conecta el giro dentado con la amígdala, según los investigadores. Una experiencia terrible refuerza las conexiones entre el engrama del hipocampo y las células que codifican el miedo en la amígdala, pero que se puede debilitar la conexión más tarde conforme se forman nuevas conexiones entre las células del hipocampo y la amígdala que codifican asociaciones positivas.

  “Esa plasticidad de la conexión entre el hipocampo y la amígdala juega un papel crucial en la conmutación de la valencia de la memoria”, afirma Tonegawa. Estos resultados indican que mientras que las células del giro dentado son neutrales con respecto a la emoción, las de la amígdala están precomprometidas a codificar el recuerdo del miedo o de recompensa.

Los investigadores ahora están tratando de descubrir las firmas moleculares de estos dos tipos de células de la amígdala. También están investigando si la reactivación de recuerdos agradables tiene algún efecto sobre la depresión, con la esperanza de identificar nuevos objetivos para los fármacos destinados a tratar la depresión y el trastorno de estrés postraumático.

Fuente: http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=347037

Editado por : Raquel Ferrari

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El factor “hormigueo”, cuando la música inunda el cerebro

Ya sea que un temblor recorre la espalda, o se siente una cálida sensación romántica o se erizan los vellos de los brazos… como sea que se presente, es un momento de placer sublime.”La música es la taquigrafía de la emoción”, decía el escritor ruso León Tolstoy, y el mecanismo preciso de este factor hormigueo sigue siendo un misterio fisiológico.

¿Qué está pasando exactamente en el cerebro y el cuerpo cuando ocurre? ¿Puede la neurociencia explicarlo? Y, con ese conocimiento, ¿se puede usar por ejemplo en el tratamiento de discapacidades neurológicas?

La música es un mensaje universal.Escuchar está casi invariablemente en la lista de las diez cosas que a la gente le parecen más placenteras. Sin embargo, por sí sola, no tiene ninguna función práctica. A diferencia de la comida, el amor y el sexo, o los instintos de supervivencia, la música no tiene un valor biológico.

La música es emocional: la gente dice que le sirve para reflexionar y para mejorar su estado de ánimo. Su relación con nuestras emociones produce ese hormigueo, y los científicos han medido estos efectos físicos y explorado la razón para que ocurran.

Muchas personas experimentan el factor hormigueo al oír ciertos momentos musicales,Este efecto no es imaginario, los científicos lo han medido. El cuerpo experimenta cambios fisiológicos: la conductancia cutánea aumenta, el pelo se eriza, el ritmo del corazón aumenta, la temperatura del cuerpo baja, la respiración se acelera.El hormigueo o escalofrío ocurre en los momentos de placer musical más altos. Para el cerebro es intensamente gratificante.

Se trata de una experiencia personal: es más probable que la música triste genere más “hormigueos” que la feliz, pero la clave es lo que a cada individuo le parezca placentero: dos personas escuchando la misma pieza musical no experimentarán necesariamente las mismas sensaciones.

Los centros del cerebro que están involucrados en el efecto son los de la gratificación, motivación, planeación y emoción, pero esa actividad puede ser traducida en lo físico y visceral, por ejemplo, cantando, tamborileando o aplaudiendo al ritmo de la música.

Esta respuesta física está vinculada al desarrollo del lenguaje en los humanos, y a las interacciones sociales desde el tiempo de las culturas más primitivas. Así que, incluso la aparentemente personal y privada experiencia de escuchar música nos conecta socialmente a otros músicos y amantes de la música desde tiempos inmemoriales.

El hormigueo o los escalofríos que producen el placer al escuchar música ha sido tema de una cantidad considerable de investigación. Pero, de lo que se ha aprendido de la neurociencia, ¿Se deriva alguna aplicación práctica?

Actividad sensomotora

Bailar o escuchar un ritmo similar al del metrónomo puede ayudar a la gente que sufre problemas de movimiento o equilibrio asociados con la edad o enfermedad.

 

Lenguaje

Los mecanismos del cerebro para cantar –por ejemplo, cantar lo que se quiere decir- puede ayudar a quienes sufren de daños en las zonas del habla en el cerebro.

Cognición

Habilidades que no son musicales, como oír con precisión, recordar eventos que sucedieron hace poco y poder hacer más de una tarea a la vez pueden mejorar al aprender a tocar un instrumento musical.

Recuperar la salud

Algunas investigaciones científicas indican que tras una cirugía, los pacientes se pueden mejorar más rápido si se les permite escuchar la música que les gusta.

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/08/140811_musica_hormigueo_escalofrio_finde_dv.shtml

Editado por : Raquel Ferrari

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Cerebro, Internet & educación

Internet es una revolución cultural. Una revolución que puede facilitar en gran medida los procesos de aprendizaje, memoria y adquisición de nuevos conocimientos de mucha gente. ……..Una estadística reciente ha mostrado que el 50% de los niños americanos ya maneja formatos electrónicos para leer o estudiar, cifra que refleja un incremento significativo con respecto a 2010, que era del 25%.

Y es en esta vía que las más prestigiosas instituciones docentes y de investigación internacionales se han embarcado en proyectos con los que poder ofrecer programas docentes a todo el mundo. Un buen ejemplo es el curso abierto del Instituto Tecnológico de Massachusetts en Estados Unidos que desde su inicio en el año 2002 ha ganado merecido aplauso y reconocimiento internacional. Este curso es libre en la web y en él se ofrece todo tipo de material, desde clases teóricas a simulaciones prácticas.

Ya muchos piensan que Internet bien pudiera ser el instrumento clave, más útil, para difundir en el mundo estos nuevos conocimientos sobre neuroeducación…….Y esto vendrá potenciado en los próximos años en los que se espera poder crear programas que incorporen aplicaciones como pudieran ser no solo el reconocimiento de voz perosnal, profesor-alumno, sino también estímulos auditivos, visuales y somestésicos (movimiento) y aún de olores para determinados experimentos con los que mimetizar una realidad sensorial virtual.

Internet, sin embargo, puede ser un instrumento que entrañe ciertos riesgos si no es utilizado adecuadamente…..Muchos padres comienzan a darse cuenta (a ser de verdad conscientes), del tiempo que sus hijos pequeños y adolescentes, pasan delante de una pantalla de ordenador, navegando en busca de información, contactando con amigos a través de facebook o Twitter, o simplemente bajando juegos de la red. Este tiempo son muchas horas, que pueden oscilar entre tres y siete al día…………………………………………

Y la pregunta clave es la siguiente ¿Todo esto está haciendo un bien o un daño al cerebro?…….De hecho, empieza a hablarse de una nueva forma de atención producida por internet. Y esto no es baladí, pues ya conocemos los varios tipos de atención con circuitos neuronales específicos y es posible que el entrenamiento excesivo de unos pudiera ir en detrimento del funcionamiento de los otros y, en consecuencia afectar los procesos de aprendizaje y memoria.

En el lado negativo, Internet se ha relacionado con el aumento en el número de niños que padecen trastorno de hiperactividad y falta de atención en el colegio.Y también con un daño en las conductas fundamentales de relación emocional y personal,  como la empatía. Y finalmente, ya en el lado más patológico, ser la causa de ese síndrome de “adicción a Internet” del que ya más de 25 millones de niños han sido diagnosticados en China, con el consiguiente desarrollo, como toda adicción, de conductas antisociales. Frente a todo esto hay otras voces que claman, en sentido contrario, bien señalando que Internet no produce ningún daño o que incluso pudiera ser beneficioso para el cerebro en su adapatación a los nuevos tiempos.

En cualquier caso, lo que sí es una realidad es la plasticidad del cerebro y su enorme flexibilidad y adaptación a estímulos nuevos cambiando sus conexiones neuronales.

Internet hoy es un instrumento poderoso para el aprendizaje al que todo ser humano se ve sometido en la sociedad y las culturas en las que vive. ……..¿Por qué los cambios producidos por Internet tendrían que ser cambios para mal?

Por los pocos estudios con resonancia magnética realizados hasta ahora en personas de mediana edad y mayores que ya han tenido una buena experiencia navegando por Internet, se ha visto que hacerlo, activa regiones cerebrales que no se activan en personas no iniciadas o poco iniciadas en estas tareas.

En personas entrenadas y mientras se navega se produce una alta actividad en regiones como la corteza prefontral (toma de decisiones, planificación futura, actividad mental y razonamientos complejos), corteza cingulada (atención y convergencia de percepciones y emociones en la toma de decisiones) o el hipocampo (aprendizaje y memoria) y algunas otras áreas del cerebro límbico, como el núcleo accubens (emoción, placer y recompensa). No se sabe si esta actividad persistente y sostenida a lo largo de mucho tiempo, puede producir cambios permanentes y, por tanto, tener consecuencias para la conducta social de los individuos.

Estos hallazgo…¿Podrían proveer de una indicación de cambios futuros permanentes en el cerebro de las personas normales, no adictas, pero que utilizan Internet durante muchas horas al día? Con estos cambios en el cerebro ¿Podría Internet iniciar una revolución cognitiva como ha venido preconizándose desde ciertos foros?…………………..

¿Una nueva sociedad producida por ese mundo virtual que llamamos Internet?”

Francisco Mora.-

en

“Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama”. Cap. 17 pag 151/155(Ed. Alianza) 2013

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Afectan las nuevas tecnologías al funcionamiento de nuestro cerebro?

Por: Javier Pelaez

Hemos estado en la Isla San Simón durante la segunda edición de Neuromagic  en la que hemos podido conversar con algunos de los neurocientíficos más destacados de la actualidad. Una magnífica oportunidad para hablar de los temas más interesantes de la ciencia con investigadores como Luis Martínez Otero, neurocientífico especialista en percepción dentro del Instituto de Neurociencia del CSIC en Alicante, con quien tuvimos la suerte de hablar de cerebro y nuevas tecnologías.

 ¿Están cambiando las nuevas tecnologías el funcionamiento de nuestros cerebros?

 Sí, por supuesto.

Videojuego de guerra· Videojuegos

Nos cuenta Luis Martínez Otero que, hace algunos años, Walter Di Salvo (preparador físico del Real Madrid) se puso en contacto con su equipo de científicos para interesarse por algunas técnicas que ayudaran a mejorar las habilidades de Iker Casillas y del resto de porteros del equipo merengue.

El investigador le recomendó que hicera algo que seguramente Iker ya hacía desde hace mucho tiempo: jugar a videojuegos, concretamente a juegos de acción y de guerra, y a ser posible en la pantalla más grande que encontrara.

Acostumbrado a leer noticias negativas respecto a los videojuegos y sobre todo en este tipo de juegos calificados despectivamente como violentos, es interesante escuchar opiniones científicas que los recomiendan por su capacidad para mejorar las funciones de percepción de nuestro cerebro.

Nuestro sistema visual tiene dos partes diferenciadas. Una parte central, que es donde centramos la mirada cuando queremos analizar algo detalladamente y otra parte, llamémosle periférica o global, encargada de procesar y organizar tu comportamiento motor con relación al exterior, a los espacios, las dimensiones…

La parte global de nuestro sistema visual es inconsciente y llega más rápidamente y a más lugares del encéfalo que la central. Al jugar con consolas y videojuegos esta parte global mejora mucho, optimizando así el uso eficaz de los datos que recibe el cerebro.

Las nuevas tecnologias y el funcionamiento de nuestro cerebro· Internet

Decía Albert Einstein: “Yo nunca memorizo un dato que sé donde encontrar”.

El inmenso caudal de información que ha llegado con internet ha cambiado nuestra manera de acceder a la información, hasta tal punto que también está cambiando la manera en la que nuestro cerebro recuerda y guarda esa información.

Hasta hace poco nuestra memoria se organizaba para recordar datos concretos: la fecha de un cumpleaños, el número de teléfono de casa de tus padres… la aparición de Internet ha ido cambiando el funcionamiento y las rutas que utilizamos para encontrar la información deseada.

Se hace menos necesario acumular datos concretos y para los usuarios de internet se ha demostrado más útil cambiar la “memorización de datos” por la “estrategia de búsqueda de datos”.

Agendas, directorios, buscadores, enciclopedias online… el cerebro de los internautas cada vez se preocupa menos por recopilar datos y se centra en optimizar las rutas donde encontrar la información.

· Tecnología móvil

El móvil se ha convertido en parte primordial de nuestras vidas y muchos expertos vaticinan que en el futuro dispositivos más avanzados incluso pasarán a ser parte de nuestros propios cuerpos. Tecnología acoplada a nosotros que nos permitirán recibir datos e información directamente de la realidad, comunicarnos a distancia y realizar por nosotros mismos numerosas tareas que en la actualidad llevamos a cabo mediante gadgets y aplicaciones.

Además, se ha demostrado mediante diversos estudios que en jóvenes acostumbrados a un uso frecuente de las tecnologías móviles, se ha ampliado significativamente la zona del cerebro encargada de controlar los movimientos de los pulgares.

Luis Martínez Otero nos pone un ejemplo muy claro: cuando movemos un brazo se activa una zona de nuestro cerebro que controla ese brazo. Se ha visto que la zona del cerebro que “mapea” el control de los dedos pulgares se ha ampliado en personas (sobre todo gente joven) que hacen un uso cotidiano de tecnologías móviles. Es decir, usan una mayor parte del cerebro para controlar esos dedos.

· Redes sociales

Han cambiado en muy poco tiempo nuestra manera de comportarnos frente a los demás y las consecuencias aún son desconocidas.

Para que nuestro cerebro se desarrolle de una manera normal es fundamental que aprenda cómo relacionarse socialmente con el resto del mundo. Si cambiamos la manera de socializar también cambiaremos la actividad funcional del cerebro.

Las consecuencias futuras no están claras y pueden ser de diversos tipos, tanto positivos como negativos……… La forma en la que nuestro cerebro se comunica y socializa es determinante para su funcionamiento. Si cambian las formas de socializar también cambia la funcionalidad de nuestra mente. Las implicaciones son muy extensas, pero aún están en el aire.

Fuente:

https://es.noticias.yahoo.com/blogs/cuaderno-de-ciencias/afectan-las-nuevas-tecnolog%C3%ADas-al-funcionamiento-nuestro-cerebro-095516242.html

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Si hay sangre hay audiencia (1)

“Cada segundo, una avalancha de datos cae sobre nuestros sentidos. Para procesar ese diluvio, la mente criba y ordena la información, tratando de separar lo fundamental de lo anecdótico. Y dado que no hay nada más fundamental para la mente que la supervivencia, el primer filtro que se encuentra la mayor parte de la información entrante es la amígdala.

La amígdala es una parte del lóbulo temporal en forma de almendra, responsable de las emociones primarias, como la ira, el odio o el miedo. Es nuestro sistema de alerta en primera línea, un órgano que está siempre en alerta máxima, cuyo trabajo es encontrar cualquier cosa de nuestro entorno que pueda ser una amenaza para nuestra supervivencia.

Si en condiciones normales está alerta, una vez estimulada, la amígdala se vuelve hipervigilante. Entonces nuestro foco de atención se tensa y nuestra respuesta de “luchar o huir” se pone en marcha. Nuestro ritmo cardíaco se acelera, los nervios disparan más rápidamente, los ojos se dilatan para conseguir una mejor visión y la piel se enfría a medida que la sangre circula hacia los músculos para posibilitar un ritmo de reacción más rápido. Cognitivamente, nuestro sistema de reconocimiento de situaciones, escarba en nuestros recuerdos en busca de ocasiones similares (para ayudar a identificar la amenaza) y de soluciones potenciales (para neutralizarlas).

Pero la respuesta es tan potente, que una vez puesta en marcha es casi imposible detenerla, y esto es un problema en el mundo moderno.

Hoy en día estamos saturados de información. Tenemos millones de fuentes de información compitiendo en nuestro cerebro para que las recordemos. ¿Y cómo compiten? Luchando por obtener la atención de la amígdala…..Simplemente, las buenas noticias no captan nuestra atención. Las malas venden, porque la amígdala siempre está buscando algo que temer.

Pero esto tiene un impacto inmediato en nuestra atención. David Eagleman, un neurocientífico del Baylor College de Medicina, explica que incluso en circunstancias rutinarias la atención es un recurso limitado.

Imagina que estás viendo un corto con un solo actor que está haciendo una tortilla”. Se produce un cambio de plano mientras el actor sigue cocinando. Seguramente te darás cuenta de si el actor se ha convertido en otra persona ¿verdad?. Pues, dos tercios de los observadores no lo hacen”. “Esto ocurre proque la atención es un recurso muy limitado y una vez que nos centramos en una cosa, a menudo no nos damos cuenta de la siguiente. Por supuesto, cualquier respuesta ante el miedo amplifica el efecto. Lo que significa todo esto es que cuando la amígdala comienza a buscar malas noticias, mayormente va a encontrar malas noticias“.

Para exacerbar esta situación, nuestro sistema de alerta en primera línea ha ido evolucionando. En una época en que los peligros estaban cerca, las amenazas eran del tipo -“hay un tigre en la maleza”. Las cosas han cambiado desde entonces. Muchos de los peligros actuales son probabilísticos-la economía puede desplomarse, podría haber un ataque terrorista- y la amígdala no puede distinguir la diferencia.

Y lo que es peor, el sistema también está diseñado para no apagarse hasta que el peligro potencial haya desaparecido completamente, pero los peligros probabilísticos nunca desaparecen totalmente. Añade a todo esto unos medios de comunciación que “no pueden evitar” meternos contínuamente el miedo en el cuerpo, en un intento de captar cuota de mercado y tendrás una mente convencida de que está viviendo en estado de sitio-un estado que es especialmente problemático-, como explica el doctor Marc Siegel de la Universidad de Nueva York, en su libro “False alarm: The Truth About the Epidemic of Fear”………………………………………………………………………………………………………………………

Para la abundancia todo esto conlleva un triple castigo. Primero, es difícil ser optimista porque la arquitectura de filtrado de la mente está diseñada para ser pesimista. Segundo, las buenas noticias desaparecen, porque los medios de comunicación están muy interesados en exagerar lo malo. Tercero, los científicos han descubierto recientemente algo peor: no se trata solo de que estos instintos de supervivencia nos hagan creer que el “agujero en el que estamos metidos es demasiado profundo para poder salir de él” , sino que también reducen nuestro deseo de salir del agujero.

Un deseo de mejorar el mundo se basa en la empatía y en la compasión. La buena noticia es que hoy en día sabemos que estos comportamientos prosociales son parte intrínseca del cerebro. La mala noticia es que estos comportamientos se rigen desde el lento córtex prefrontal, de reciente evolución. Por el contrario, la amígdala evolucionó hace mucho en una época en la que había que responder con celeridad, cuando el tiempo de reacción era básico para la supervivencia. Cuando hay tigres en la maleza, no hay mucho tiempo para pensar, por lo que la mente toma un atajo, no piensa.

En situaciones de peligro, la amígdala lleva la información a nuestros músculos saltándose el córtex prefrontal. Esta es la razón por la que das un salto atrás cuando ves una forma alargada en el suelo, antes de que tengas tiempo de deducir que se trata de un palo y no de una serpiente.

Pero dada la diferencia en las velocidades de procesamiento neuronal, cuando nuestros primitivos instintos de supervivencia se ponene en marcha, nuestros nuevos instintos prosociales se quedan al margen. La compasión, la empatía, el altruismo-incluso la indignación-dejan de ser factores que cuenten. Cuando los medios de comunicación nos ponen en alerta máxima, por ejemplo la desigualdad entre pobres y ricos parece demasiado grande para que la distancia pued salvarse, porque las emociones que nos harían querer salvarla están bloquedas y fuera del sistema”.

Fuente:

“Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas. “ Diamandis, Peter H. & Kotler, Steven. (2012) Antoni Bosch editor . Barcelona

(1)Si hay sangre hay audiencia: if it bleeds, it leads. Es una frase hecha en inglés que hace mención a la fascinación de los medios de comunciación (incluye el cine) por la violencia. (Nota del traductor)

 

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