Hipocampo & memoria : investigan un nuevo modelo

El director del departamento de Neuroimagen de la Fundación Centro de Investigación en Enfermedades Neurológicas –Fundación CIEN- y director del Laboratorio de Neurociencia Clínica del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Bryan Strange, lidera un trabajo que describe un nuevo modelo para explicar la función de hipocampo.

El hipocampo es una estructura del lóbulo temporal medial involucrado directamente en la memoria episódica y la navegación espacial. Su forma larga se estructura en humanos a lo largo de un eje anterior-posterior (con diferentes conectividades), lo que ha planteado durante mucho tiempo el debate sobre si el hipocampo es uniforme funcionalmente a lo largo de este eje o, como se ha asegurado tradicionalmente, la región posterior es la implicada en la memoria y la navegación espacial y la anterior la que interviene en los comportamientos relacionados con la ansiedad.

Frente a esta idea tradicional, propone un modelo unitario en el que TODO el hipocampo se dedica a un solo tipo general de memoria. Así, propone la hipótesis – basada en recientes estudios genéticos, anatómicos y electro fisiológicos – de que el hipocampo se organiza en gradientes en los que existen múltiples dominios funcionales.

El trabajo ha sido realizado con el reciente Premio Nobel de Fisiología y Medicina Edvard I. Moser -galardonado junto con May-Britt Moser y John O’Keefe por sus investigaciones sobre la función espacial del hipocampo-, y cuenta asimismo con la colaboración de Menno P. Witter, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, y Ed S. Lein, del Allen Institute, como coautores.

La investigación se basa en el estudio intensivo de pacientes y modelos animales con daño en el hipocampo,  que presentaban alteraciones en la memoria declarativa (que comprende tanto la memoria episódica como la semántica) y  en el estudio de la función espacial del hipocampo -basada principalmente en la demostración de la existencia de células espaciales del hipocampo y corteza entorhinal -.

Para ello, los investigadores tomaron en cuenta, en primer lugar, los hallazgos anatómicos realizados en ratas, que sugerían que existen múltiples gradientes funcionales en el eje longitudinal del hipocampo.

Tras ello, se revisaron los resultados  derivados de investigaciones genéticas que indican que los dominios genéticos discretos se superponen a esta organización graduada; y por último, se analizó -en base a estudios en animales y humanos-  la forma en que estos patrones anatómicos y genéticos pueden derivar en patrones de especialización funcional del eje del hipocampo, principalmente en términos de procesamiento espacial, respuestas emocionales, la acción y la memoria episódica.

 Así, el estudio analiza los gradientes en la conectividad cortical y subcortical del hipocampo, la expresión genética y la organización funcional a lo largo de todo el eje hipocampal.

Según destacan, al proponer un modelo de organización funcional del hipocampo que superpone gradientes de eje largo y dominios funcionales diferenciados, se abre la vía al establecimiento de predicciones específicas sobre las manifestaciones clínicas de las distintas lesiones o alteraciones del hipocampo.

“Suponiendo que los subdominios genéticos se encuentren en el hipocampo humano, el reto de futuro para la investigación clínica será determinar si estos subdominios pueden caracterizarse de forma no invasiva con las técnicas de neuroimagen actuales, o si su composición genética puede estar relacionada con patologías específicas“, explican.

(EuropaPress)

Fuente: http://noticias.lainformacion.com/salud/genetica/describen-un-nuevo-modelo-para-explicar-las-funciones-del-hipocampo_eATl99zv7KShsnHa2EVUt7/

Ed: Raquel Ferrari

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Sólo recordamos lo que nos emociona

Facundo Manes es el rockstar de la ciencia. Al menos esa es la impresión que genera: llena teatros, auditorios y cualquier otro espacio en el que se presente; los periodistas hacen cola para entrevistarlo y desconocidos lo frenan para sacarse fotos con él. Su look contemporáneo y descontracturado lo pone en las antípodas del prototipo del científico que flota en el imaginario social.
Este apasionado por el uso del cerebro que se convirtió en un referente mundial de la neurociencia destacó ante La Gaceta el rol del docente en el proceso educativo y aseguró que la meditación estimula áreas cerebrales vinculadas con las emociones.

¿Hasta qué punto impacta el desarrollo de la neurociencia en nuestra vida cotidiana?

Estudia la organización y el funcionamiento del sistema nervioso y cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos. Sus investigaciones no solo contribuyen a mejorar las condiciones neurológicas y psiquiátricas de personas que padecen enfermedades; también puede mejorar la vida cotidiana de las personas. Por las neurociencias cognitivas hoy sabemos que de la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Muchas veces tenemos pensamientos distorsivos, y ellos impactan negativamente en nuestro estado de ánimo. Si somos conscientes de ello, vamos a tener más herramientas para modificarlo.

¿Por qué olvidamos algunas cosas y recordamos otras?

Los humanos somos seres emocionales; las emociones guían nuestra conducta. Por eso, solamente recordamos lo que nos emociona. Nos olvidamos casi todo. Pero si olvidamos casi todo, ¿qué recordamos? Recordamos lo que nos emociona. Si yo le pregunto a usted qué estaba haciendo el 11 de septiembre por la mañana, en el momento que se enteró de que cayeron las Torres Gemelas, va a poder recordarlo fácilmente. En cambio, si le pregunto qué hacía el día anterior, la respuesta se le va a dificultar. Un momento fue emocional y el otro, no.

¿Las nuevas tecnologías pueden llegar a modificar el cerebro de las nuevas generaciones?

La tecnología ayuda e impacta en nuestra vida cotidiana, pero no va a modificar la anatomía cerebral de los seres humanos. También, así como las nuevas tecnologías, como Internet, son muy buenas para muchas cosas, a veces con cierto uso irrestricto hemos perdido chances de estar solos, de aburrirnos, de tener cierta introspección. Y esto debemos tenerlo en cuenta sobre todo para los niños y los adolescentes, que tienen su cerebro en desarrollo. Los chicos tienen que estar desconectados. El uso de la tecnología debe ser temporal. Porque cuando no hacemos nada, el cerebro trabaja mucho.

¿El cerebro de un chico de 10 años de hoy es igual que el de un chico de 10 años de hace 50 años?

Anatómicamente, sí. Pero hay un fenómeno muy interesante que se llama “Efecto Flynn”“, que muestra que cada nueva generación obtiene puntajes más altos en las pruebas de cierto tipo de inteligencia. La hipótesis que pareciera ser la más acertada para explicar este fenómeno es la multifactorial. Este aumento estaría vinculado con las mejoras en la nutrición y la mayor complejidad ambiental. Ahora, como mencioné antes, la ciencia no puede medir la complejidad de la inteligencia.

¿Utilizamos nuestro cerebro en todo su potencial?

Un mito muy extendido afirma que “solo usamos un 10 % del cerebro”. Es absolutamente falso. Si fuera cierto, al remover el 90 % del cerebro no se debería observar ningún cambio.

¿La meditación ayuda a desarrollar las capacidades cerebrales?

Los avances tecnológicos y el trabajo interdisciplinario han permitido abordar cuestiones antes pensadas como antagónicas a la ciencia. Por ejemplo, las relacionadas con la espiritualidad y la meditación. Ciertos estudios neurocientíficos han registrado modificaciones en nuestro sistema nervioso durante la meditación: las áreas cerebrales asociadas con las emociones y funciones sociales son intensamente estimuladas, mientras que las zonas vinculadas con el procesamiento de emociones negativas disminuyen su actividad. Otros estudios señalaron que algunas prácticas de meditación mejoran la función inmune al observar un aumento en los niveles circulantes de anticuerpos.

¿La educación actual ayuda a que los chicos desarrollen sus máximas capacidades?

La reflexión sobre la educación debe ser producto de un diálogo entre neurocientíficos con los miembros de la comunidad educativa. En nuestro libro “Usar el cerebro” contamos un experimento que muestra la importancia de la interacción social en el aprendizaje: expusieron a la enseñanza de un idioma extranjero a niños pequeños, para analizar los resultados en base al método de enseñanza. En algunos casos se incluía la presencia física del docente y en otros no. Después del entrenamiento, se concluyó que solo el grupo de niños expuesto a la persona en vivo había aprendido. Se demuestra el rol trascendental del docente ligado, no solo a la transmisión de un conocimiento, sino al afecto, la motivación y el carácter humano. Por otro lado, se advierte que la inversión social ligada a la búsqueda de progresos educativos debe estar puesta justamente en el vínculo del maestro-alumno, que allí se encuentra la base para una revolución educativa y del conocimiento.

¿Qué actividades o hábitos podemos hacer en nuestra vida cotidiana para ejercitar nuestras capacidades cerebrales?

Todo lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro: evitar el sobrepeso, no fumar, alimentación saludable, controlar presión arterial, colesterol y glucemia. Son muchas las actividades que podemos hacer para ejercitar nuestras capacidades cerebrales: el ejercicio físico, además de ser un gran ansiolítico y antidepresivo natural, crea nuevas conexiones neuronales; plantearnos desafíos intelectuales, hacer tareas a las que no estamos habituados: por ejemplo, aprender idiomas. Una vida social activa también resulta estimulante para el cerebro. El manejo del tiempo personal y el manejo de las emociones serán la mayor inversión del futuro.

Fuente: http://facundomanes.com/2015/04/12/solo-recordamos-lo-que-nos-emociona/

Editado por : Raquel Ferrari

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ACV: Saber de qué se trata

Originalmente publicado en Facundo Manes:

Revista VIVA

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Sharon Stone protagonizó en 1992, junto con Michael Douglas, la película Bajos instintos y fue reconocida mundialmente por su belleza y su talento. Pero tiempo después, en 2001, a la joven edad de 43 años, sufrió un derrame cerebral que le provocó una parálisis parcial y dificultades en el lenguaje. Muchas veces, cuando una personalidad popular como un artista, un deportista o un político sufre una enfermedad determinada, esa condición se vuelve un tema tratado en los medios masivos de comunicación o hasta en la agenda pública. Pero resulta fundamental subrayar que los accidentes cerebrovasculares (ACV) constituyen una de las primeras causas de mortalidad y la primera de discapacidad en el mundo.

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David Bueno: neurociencia & educación

Existe la tentación de presentarse ante David Bueno, genetista y divulgador sobre neurociencia y educación, como si fuera un oráculo. Su conocimiento de la complejidad del cerebro, y de la actividad de este ante los diversos estímulos cotidianos, nos empuja a buscar en él las respuestas definitivas a preguntas recurrentes en el campo educativo:

¿Hay reñir a los niños?

¿Cómo hemos de conectar con los adolescentes?

¿Se han de estimular mucho los bebés?

¿A qué edad tenemos que empezar a enseñar inglés?

La neurociencia tiene una respuesta para la mayoría de estas preguntas, pero Bueno nos advierte: “Poco diré que las pedagogías no hayan concluido ya a partir de su trabajo de ensayo-error. La sopa de ajo ya está inventada“. Veamos pues.

¿Qué sabemos del cerebro que nos permita aplicarlo a la educación?

En los últimos diez años hemos desarrollado técnicas que nos permiten hacer seguimiento de qué zonas del cerebro se activan en cualquier actividad. Esto nos permite relacionarlo con cualquier cosa y, por tanto, con la educación. Podemos identificar qué zonas se activan más en cualquier proceso educativo, y de qué manera el cerebro es más receptivo a incorporar conocimientos. A través de la motivación, por ejemplo. O también nos ayuda a identificar cuáles son las mejores etapas para según qué aprendizajes.

¿Cómo evoluciona el cerebro en la primera etapa de la vida?

Entre los 0 y los 3 años se hacen muchas conexiones en la parte superficial del cerebro: esto quiere decir que el cerebro incorpora todos los condicionados del ambiente que rodea al niño. Sin que el niño sea consciente de ello, porque a esa edad la memoria no está desarrollada, interioriza el ambiente. No recordará lo que ha vivido antes de los tres años, pero si ha sufrido un ambiente de violencia estructural, su cerebro desarrollará un patrón que difícilmente podrá cambiar: reaccionará a la violencia generando más violencia o escondiendose de ella. Es lo que se llama fight or fly.

Este determinismo es muy desesperanzador.

Hay huir de conceptos como la determinación, porque dos personas sometidas al mismo ambiente pueden modular su cerebro de manera diferente. Pero sí que te condiciona fuertemente. A un psicólogo le puede costar años de trabajo revertir un problema de comportamiento que una persona adquirió de pequeña en una sola tarde. Y de hecho no lo revertirá: fortalecerá otras conexiones neuronales para que se produzcan de forma más frecuente. La educación tiene un problema, y es que cada uno nace en el ambiente que le toca.

Visto esto, ¿cuál es la importancia de etapas como la educación infantil?

El 0-3 es clave, tanto si se está en una guardería como en familia. Pero también la etapa de 4 a 7 años, cuando el cerebro hace conexiones entre la parte más superficial y la más profunda, la de la memoria. Es aquí cuando es más fácil aprender los procedimientos. Por eso a esta edad solemos aprender a leer y escribir. Antes no sirve demasiado, y después, si te pasas esta ventana, te costará mucho más aprender. Que de hecho es lo que pasa con lenguas como el inglés: cuando se empiezan a estudiar más tarde es mucho más difícil.

Hace poco publicamos un artículo que defendía por qué no es necesario que tu hijo aprenda a leer y escribir antes de los seis años.

Es exactamente esto. Antes de los 6 años la parte lingüística no está suficientemente madura.

¿Entonces tiene sentido que empujamos a los niños a leer y escribir antes?

Tiene que ver con la satisfacción personal de los padres. Y a ver, no es malo siempre que no interfiera en la maduración normal del cerebro. Más que escribir, lo que tenemos que fomentar es que sepan manejar las manos: la manipulación manual fina, se suele decir. Ya sea escribir, hacer dibujos, geometría… Porque las neuronas que controlan esta manipulación fina son las del habla y el lenguaje. Los que aprendan a manejar los dedos de manera fina tendrán más facilidad para un discurso complejo y elaborado. Por eso la asignatura de plástica es tan relevante.

Ya que han identificado cuál es el momento óptimo para aprender según qué, ¿han encontrado algún desfase en los centros educativos? ¿Algún ámbito que impartimos cuando no toca?

El método científico se debería introducir antes. Se introduce en Secundaria, cuando el cerebro del adolescente da más importancia a lo emocional que a lo racional. ¡Y este método es eminentemente racional! Los que sí son racionales son los niños pequeños. Los niños pueden pasar rato pegando con un objeto contra el suelo, comprobando el ruido que hace. Son las repeticiones propias del método científico. Ante esto, es mejor que les dejemos hacer. No frenarles. Que experimenten.

¿Es también el momento de la creatividad?

Lo es siempre, pero en esta etapa es fundamental. Los humanos somos creativos por naturaleza, pero la creatividad es máxima con los niños, porque no tienen ideas preconcebidas. Para un niño una botella de agua puede ser un cohete. Esto es creatividad. Aquí el error sería que los padres, viendo que le gustan los cohetes, los compraran uno. ¡Que juegue con la botella! Las neuronas están conectadas para hacer este ejercicio, y si le compran el cohete le estarán mutilando estas conexiones. Es lo que llamamos podaje exonal. Más que potenciar la creatividad, hay que evitar mutilarla.

¿El planteamiento escolar mutila la creatividad?

Los horarios, las asignaturas… coaccionan. Pero claro, me resulta complicado pensar cómo se puede hacer una enseñanza totalmente abierta, porque las escuelas necesitan organización. Pero sí, el trabajo interdisciplinar, es decir, combinar mates con inglés, por ejemplo, ayuda a hacer conexiones.

David Bueno, profesor de genética en la UB y divulgador

David Bueno, profesor de genética en la UB y divulgador

Otra duda que suele asaltar en este caso a padres y madres. ¿La estimulación temprana es recomendable?

Estimular es positivo, pero no sobreestimular.

Vaya. Pero ¿dónde pone la línea?

En la felicidad del niño. Si es feliz, bien. Si se agobia, mal. Hay que fijarse, para no ir demasiado lejos y generar estrés. También porque los niños necesitan aburrirse. Es otro tipo de aprendizaje. Cuando te aburres tienes tiempo para ser tú mismo: piensas, decides qué hacer. Las personas que de pequeñas tienen tiempo para autoorganizar su tiempo -al final aburrirse es esto- de mayores tienen mejores funciones ejecutivas. Tomarán decisiones con más facilidad.

Seguimos con la estimulación. Las pantallas la multiplican. ¿Cómo lo ve?

Estimulan mucho. El cambio de imágenes es mucho más rápido que en la naturaleza. No puedo decir que esto perjudique, pero sí que hay que ser responsable a la hora de gestionar el tiempo de pantalla. No se puede vivir de espaldas a la pantalla, pero sí se han de encontrar momentos por otros espacios.

Pero -perdone que insista- con los más pequeños da la sensación de que hay algo más en las pantallas que los atrae. Como si se les activara un mecanismo interno.

Es que la pantalla entra a través de la vista y el oído, dos de los sentidos más desarrollados en la interacción con el mundo. Y es una fuente constante de novedades. Además, presenta situaciones que los niños interpretan de forma creativa: cuando ven el comecocos personalizan el juego, activan la parte social del cerebro.

Esta parte del cerebro, la social, ¿cuándo se desarrolla?

Desde el nacimiento. A un bebé le pones delante una cara o un objeto y seguirá la cara. Está socializando. Constantemente estamos pendientes de nuestro entorno. De hecho, para un niño, la mejor recompensa -un elemento que forma parte de la educación- es el reconocimiento de sus iguales, de su profesor, de quien sea. Una risa sana de los compañeros es mucho más gratificante que sacar un 10. Una mirada de aprobación del maestro o la madre es más gratificante que el helado que le comprarán. Por eso también es importante no ridiculizar nunca a un alumno. Algunos docentes pueden pensar que esto les estimula a quererse superar, pero no. Nada más lejos de la realidad.

¿Regañar es negativo?

Se debe regañar en positivo. Pasar del no lo has hecho bien al puedes hacerlo mejor.

El refuerzo positivo.

Nada que la pedagogía no haya repetido mil veces. La parte de la amígdala que detecta los peligros se activa cuando recibe un input negativo; cuando el input es positivo se activan también otras partes, como la de la creatividad (porque buscas maneras resolver lo que ha motivado la reprimenda).

¿Y si la reprimenda es constante? ¿Llegará el día en que el cerebro dirá basta?

Es lo que llamamos apagón emocional. Típico de la adolescencia. Es un fenómeno preconsciente, la persona no decide. Después de un periodo de negativas -proveniente de cursos anteriores, de la familia y otros entornos- el cerebro decide que pasa. Son los alumnos que se sientan allí espatarrados. Ya llegas tarde para motivarles. Han desconectado. Al inicio de la crisis me preocupaba cuando los diarios publicaban que los jóvenes no encontrarían trabajo. ¡No se lo digas así! Puedes decir que tendrán que currar más, pero si no estás favoreciendo el apagón emocional.

Hagamos una pausa. Da la sensación de que todo lo que me está contando corrobora lo que padres y maestros siempre han intuido y comprobado por la vía de los hechos.

Es que la neurociencia aporta algunas cosas nuevas, pero sirve sobre todo para justificar por qué unas estrategias pedagógicas funcionan y otras no. La motivación o el trabajo entre iguales activan el cerebro social y el aprendizaje es más integral. Esto es así. Pero la neurociencia no aporta la piedra filosofal de la educación. Un ejemplo: La letra con sangre entra. La neurociencia demuestra que sí, que cuando sufres dolor se te activa el cerebro para aprender. Básicamente para así escaquearse de ese dolor. Por lo tanto la frase es cierta. Otra cosa es que sea moralmente aceptable.

Comentaba que en los adolescentes la parte del cerebro más activa es el emocional. ¿Esto da validez a planteamientos como el de la educación emocional?

La neurociencia demuestra que es un factor importante, sí. Cuando la parte emocional del cerebro está activada el aprendizaje es más completo. Las áreas que activas racionalmente son menos. Pero esto no sólo en adolescentes, sino en todas las etapas. En la universidad siempre intento empezar la clase llamándoles la atención con algún recurso. Funciona mucho hablar de una persona, porque les activa el cerebro social. Saber que un científico dijo algo o falseó unos datos les llama la atención. Les engancha.

Otra pregunta que no puedo dejar de hacerle es sobre las drogas. ¿Cómo afectan al cerebro de los jóvenes?

Son mucho más perjudiciales de lo que socialmente estamos dispuestos a aceptar. ¿Pero mucho, eh? El alcohol mutila conexiones, aparte de generar adicción. Y la marihuana altera la percepción que los tienen del mundo y, si su consumo se mantiene constante, puede acabar provocando psicosis. Dificultan cualquier aprendizaje. Además, ha habido casos de adolescentes que dejan de fumar y los problemas les salen más tarde. El cerebro puede quedar irreversiblemente tocado.

He hablado con educadores sociales que, a pesar de no negar los efectos, me dicen que de poco va a servir que les proyectamos estos temores, porque muchos ya han hecho este apagón emocional.

Cierto. Y además la adolescencia es la etapa del riesgo. Se busca romper límites. Si les das como argumento el daño que les causará, a veces este riesgo puede estimularles.

Entonces, ¿qué nos queda?

Lo ideal es que no tengan la necesidad de entrar en este mundo. Mantener su cerebro activo en otras cosas. A veces entran en ello buscando novedades, porque esto forma parte de la actividad de nuestro cerebro. Pues dales novedades a través de otras formas lúdicas: centros recreativos, teatro, deportes. Incluso de riesgo: llevarles a escalar al monte es un riesgo, pero les llena.

Hablemos de horarios escolares, sobre los que hay un debate polémico. ¿Qué puede aportar la neurociencia al debate de los horarios?

Poca cosa, siempre que el aprendizaje que intercale zonas intensas con otras más lúdicas. Lo importante es que la escuela no ocupe la mayor parte del día: que tengan tiempo para el ocio. Otra cosa es poder conjugar una jornada más corta o compacta con las necesidades sociales y laborales.

La jornada intensiva hace que los adolescentes empiecen muy temprano. Tengo entendido que esto va en contra de sus ritmos.

Efectivamente. En Secundaria les hacemos empezar temprano, a las 8 h, cuando deberían hacerlo después, sobre las 10 h. Su cerebro hace un cambio horario y por la noche son mucho más activos.

Eso es todo. Tengo la sensación de que me voy con pocas grandes novedades pero sí con más certezas.

Es que la sopa de ajo ya está inventada. Las pedagogías funcionan. Lo que podemos hacer nosotros es señalar que hay procesos que se pueden optimizar, y que hay cosas que es mejor que no hagamos. Como por ejemplo, cuando la LOMCE limita las artes plásticas y la música podemos decir que no, que tenemos que ir al revés, que estas áreas activan zonas del cerebro importantes para otros aprendizajes.

Fuente: http://www.eldiario.es/catalunya/educacion/David-Bueno-aprobacion-maestro-gratificante_0_377962930.html

Notas:

David Bueno: http://www.oei.es/divulgacioncientifica/entrevistas_142.htm

“Fight -or-Flight : (ataque o huída) http://en.wikipedia.org/wiki/Fight-or-flight_response

Apagón emocional: http://neurocomunica.com/neurocomunica/como-evitar-el-apagon-emocional/

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Dolor: plasticidad y aprendizaje

Originalmente publicado en arturo goicoechea:

La plasticidad está de moda. El cerebro es un órgano plástico. Admite retoques, estimulaciones, inhibiciones, refuerzos. Para ello podemos utilizar psicoterapias y “neuromoduladores”, fármacos que modifican los niveles de serotonina, dopamina, noradrenalina o bajan los ímpetus excitatorios de los circuitos.

El futuro nos permitirá activar o inhibir a demanda áreas cerebrales aplicando campos electromagnéticos. Bastará con identificar dónde está cada función, para impulsarla si anda floja o inhibirla si se excede. Los microchips introducirán circuitos que nos acercarán a los objetivos marcados manipulándolos debidamente.

Todo podrá ser contenido o animado.

La plasticidad neuronal ha abierto el melón del intervencionismo desde todos los ángulos imaginables y en todos los ámbitos de la vida del sapiens (m.n.t.). Cualquier intervención encontrará un cerebro plástico que admitirá el retoque.

La neuroplasticidad es jauja, futuro.

El dolor no podía escapar a la moda neuroplástica pero, en este caso, para justificar su cronificación. Cualquier evento físico…

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“Estar conectados permanentemente no es bueno”

Originalmente publicado en Facundo Manes:

Los Primeros

El prestigioso neurocientífico presenta hoy en Tucumán su último libro titulado “Usar el cerebro”. En LOS PRIMEROS habló de las nuevas tecnologías y cómo afecta nuestra vida diaria. El desafío futuro: manejar el tiempo personal y las emociones.

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Si hay sangre hay audiencia (1)

“Cada segundo, una avalancha de datos cae sobre nuestros sentidos. Para procesar ese diluvio, la mente criba y ordena la información, tratando de separar lo fundamental de lo anecdótico. Y dado que no hay nada más fundamental para la mente que la supervivencia, el primer filtro que se encuentra la mayor parte de la información entrante es la amígdala.

La amígdala es una parte del lóbulo temporal en forma de almendra, responsable de las emociones primarias, como la ira, el odio o el miedo. Es nuestro sistema de alerta en primera línea, un órgano que está siempre en alerta máxima, cuyo trabajo es encontrar cualquier cosa de nuestro entorno que pueda ser una amenaza para nuestra supervivencia.

Si en condiciones normales está alerta, una vez estimulada, la amígdala se vuelve hipervigilante. Entonces nuestro foco de atención se tensa y nuestra respuesta de “luchar o huir” se pone en marcha. Nuestro ritmo cardíaco se acelera, los nervios disparan más rápidamente, los ojos se dilatan para conseguir una mejor visión y la piel se enfría a medida que la sangre circula hacia los músculos para posibilitar un ritmo de reacción más rápido. Cognitivamente, nuestro sistema de reconocimiento de situaciones, escarba en nuestros recuerdos en busca de ocasiones similares (para ayudar a identificar la amenaza) y de soluciones potenciales (para neutralizarlas).

Pero la respuesta es tan potente, que una vez puesta en marcha es casi imposible detenerla, y esto es un problema en el mundo moderno.

Hoy en día estamos saturados de información. Tenemos millones de fuentes de información compitiendo en nuestro cerebro para que las recordemos. ¿Y cómo compiten? Luchando por obtener la atención de la amígdala…..Simplemente, las buenas noticias no captan nuestra atención. Las malas venden, porque la amígdala siempre está buscando algo que temer.

Pero esto tiene un impacto inmediato en nuestra atención. David Eagleman, un neurocientífico del Baylor College de Medicina, explica que incluso en circunstancias rutinarias la atención es un recurso limitado.

Imagina que estás viendo un corto con un solo actor que está haciendo una tortilla”. Se produce un cambio de plano mientras el actor sigue cocinando. Seguramente te darás cuenta de si el actor se ha convertido en otra persona ¿verdad?. Pues, dos tercios de los observadores no lo hacen”. “Esto ocurre proque la atención es un recurso muy limitado y una vez que nos centramos en una cosa, a menudo no nos damos cuenta de la siguiente. Por supuesto, cualquier respuesta ante el miedo amplifica el efecto. Lo que significa todo esto es que cuando la amígdala comienza a buscar malas noticias, mayormente va a encontrar malas noticias“.

Para exacerbar esta situación, nuestro sistema de alerta en primera línea ha ido evolucionando. En una época en que los peligros estaban cerca, las amenazas eran del tipo -“hay un tigre en la maleza”. Las cosas han cambiado desde entonces. Muchos de los peligros actuales son probabilísticos-la economía puede desplomarse, podría haber un ataque terrorista- y la amígdala no puede distinguir la diferencia.

Y lo que es peor, el sistema también está diseñado para no apagarse hasta que el peligro potencial haya desaparecido completamente, pero los peligros probabilísticos nunca desaparecen totalmente. Añade a todo esto unos medios de comunciación que “no pueden evitar” meternos contínuamente el miedo en el cuerpo, en un intento de captar cuota de mercado y tendrás una mente convencida de que está viviendo en estado de sitio-un estado que es especialmente problemático-, como explica el doctor Marc Siegel de la Universidad de Nueva York, en su libro “False alarm: The Truth About the Epidemic of Fear”………………………………………………………………………………………………………………………

Para la abundancia todo esto conlleva un triple castigo. Primero, es difícil ser optimista porque la arquitectura de filtrado de la mente está diseñada para ser pesimista. Segundo, las buenas noticias desaparecen, porque los medios de comunicación están muy interesados en exagerar lo malo. Tercero, los científicos han descubierto recientemente algo peor: no se trata solo de que estos instintos de supervivencia nos hagan creer que el “agujero en el que estamos metidos es demasiado profundo para poder salir de él” , sino que también reducen nuestro deseo de salir del agujero.

Un deseo de mejorar el mundo se basa en la empatía y en la compasión. La buena noticia es que hoy en día sabemos que estos comportamientos prosociales son parte intrínseca del cerebro. La mala noticia es que estos comportamientos se rigen desde el lento córtex prefrontal, de reciente evolución. Por el contrario, la amígdala evolucionó hace mucho en una época en la que había que responder con celeridad, cuando el tiempo de reacción era básico para la supervivencia. Cuando hay tigres en la maleza, no hay mucho tiempo para pensar, por lo que la mente toma un atajo, no piensa.

En situaciones de peligro, la amígdala lleva la información a nuestros músculos saltándose el córtex prefrontal. Esta es la razón por la que das un salto atrás cuando ves una forma alargada en el suelo, antes de que tengas tiempo de deducir que se trata de un palo y no de una serpiente.

Pero dada la diferencia en las velocidades de procesamiento neuronal, cuando nuestros primitivos instintos de supervivencia se ponene en marcha, nuestros nuevos instintos prosociales se quedan al margen. La compasión, la empatía, el altruismo-incluso la indignación-dejan de ser factores que cuenten. Cuando los medios de comunicación nos ponen en alerta máxima, por ejemplo la desigualdad entre pobres y ricos parece demasiado grande para que la distancia pued salvarse, porque las emociones que nos harían querer salvarla están bloquedas y fuera del sistema”.

Fuente:

“Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas. “ Diamandis, Peter H. & Kotler, Steven. (2012) Antoni Bosch editor . Barcelona

(1)Si hay sangre hay audiencia: if it bleeds, it leads. Es una frase hecha en inglés que hace mención a la fascinación de los medios de comunciación (incluye el cine) por la violencia. (Nota del traductor)

 

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