David Bueno: neurociencia & educación

Existe la tentación de presentarse ante David Bueno, genetista y divulgador sobre neurociencia y educación, como si fuera un oráculo. Su conocimiento de la complejidad del cerebro, y de la actividad de este ante los diversos estímulos cotidianos, nos empuja a buscar en él las respuestas definitivas a preguntas recurrentes en el campo educativo:

¿Hay reñir a los niños?

¿Cómo hemos de conectar con los adolescentes?

¿Se han de estimular mucho los bebés?

¿A qué edad tenemos que empezar a enseñar inglés?

La neurociencia tiene una respuesta para la mayoría de estas preguntas, pero Bueno nos advierte: “Poco diré que las pedagogías no hayan concluido ya a partir de su trabajo de ensayo-error. La sopa de ajo ya está inventada“. Veamos pues.

¿Qué sabemos del cerebro que nos permita aplicarlo a la educación?

En los últimos diez años hemos desarrollado técnicas que nos permiten hacer seguimiento de qué zonas del cerebro se activan en cualquier actividad. Esto nos permite relacionarlo con cualquier cosa y, por tanto, con la educación. Podemos identificar qué zonas se activan más en cualquier proceso educativo, y de qué manera el cerebro es más receptivo a incorporar conocimientos. A través de la motivación, por ejemplo. O también nos ayuda a identificar cuáles son las mejores etapas para según qué aprendizajes.

¿Cómo evoluciona el cerebro en la primera etapa de la vida?

Entre los 0 y los 3 años se hacen muchas conexiones en la parte superficial del cerebro: esto quiere decir que el cerebro incorpora todos los condicionados del ambiente que rodea al niño. Sin que el niño sea consciente de ello, porque a esa edad la memoria no está desarrollada, interioriza el ambiente. No recordará lo que ha vivido antes de los tres años, pero si ha sufrido un ambiente de violencia estructural, su cerebro desarrollará un patrón que difícilmente podrá cambiar: reaccionará a la violencia generando más violencia o escondiendose de ella. Es lo que se llama fight or fly.

Este determinismo es muy desesperanzador.

Hay huir de conceptos como la determinación, porque dos personas sometidas al mismo ambiente pueden modular su cerebro de manera diferente. Pero sí que te condiciona fuertemente. A un psicólogo le puede costar años de trabajo revertir un problema de comportamiento que una persona adquirió de pequeña en una sola tarde. Y de hecho no lo revertirá: fortalecerá otras conexiones neuronales para que se produzcan de forma más frecuente. La educación tiene un problema, y es que cada uno nace en el ambiente que le toca.

Visto esto, ¿cuál es la importancia de etapas como la educación infantil?

El 0-3 es clave, tanto si se está en una guardería como en familia. Pero también la etapa de 4 a 7 años, cuando el cerebro hace conexiones entre la parte más superficial y la más profunda, la de la memoria. Es aquí cuando es más fácil aprender los procedimientos. Por eso a esta edad solemos aprender a leer y escribir. Antes no sirve demasiado, y después, si te pasas esta ventana, te costará mucho más aprender. Que de hecho es lo que pasa con lenguas como el inglés: cuando se empiezan a estudiar más tarde es mucho más difícil.

Hace poco publicamos un artículo que defendía por qué no es necesario que tu hijo aprenda a leer y escribir antes de los seis años.

Es exactamente esto. Antes de los 6 años la parte lingüística no está suficientemente madura.

¿Entonces tiene sentido que empujamos a los niños a leer y escribir antes?

Tiene que ver con la satisfacción personal de los padres. Y a ver, no es malo siempre que no interfiera en la maduración normal del cerebro. Más que escribir, lo que tenemos que fomentar es que sepan manejar las manos: la manipulación manual fina, se suele decir. Ya sea escribir, hacer dibujos, geometría… Porque las neuronas que controlan esta manipulación fina son las del habla y el lenguaje. Los que aprendan a manejar los dedos de manera fina tendrán más facilidad para un discurso complejo y elaborado. Por eso la asignatura de plástica es tan relevante.

Ya que han identificado cuál es el momento óptimo para aprender según qué, ¿han encontrado algún desfase en los centros educativos? ¿Algún ámbito que impartimos cuando no toca?

El método científico se debería introducir antes. Se introduce en Secundaria, cuando el cerebro del adolescente da más importancia a lo emocional que a lo racional. ¡Y este método es eminentemente racional! Los que sí son racionales son los niños pequeños. Los niños pueden pasar rato pegando con un objeto contra el suelo, comprobando el ruido que hace. Son las repeticiones propias del método científico. Ante esto, es mejor que les dejemos hacer. No frenarles. Que experimenten.

¿Es también el momento de la creatividad?

Lo es siempre, pero en esta etapa es fundamental. Los humanos somos creativos por naturaleza, pero la creatividad es máxima con los niños, porque no tienen ideas preconcebidas. Para un niño una botella de agua puede ser un cohete. Esto es creatividad. Aquí el error sería que los padres, viendo que le gustan los cohetes, los compraran uno. ¡Que juegue con la botella! Las neuronas están conectadas para hacer este ejercicio, y si le compran el cohete le estarán mutilando estas conexiones. Es lo que llamamos podaje exonal. Más que potenciar la creatividad, hay que evitar mutilarla.

¿El planteamiento escolar mutila la creatividad?

Los horarios, las asignaturas… coaccionan. Pero claro, me resulta complicado pensar cómo se puede hacer una enseñanza totalmente abierta, porque las escuelas necesitan organización. Pero sí, el trabajo interdisciplinar, es decir, combinar mates con inglés, por ejemplo, ayuda a hacer conexiones.

David Bueno, profesor de genética en la UB y divulgador

David Bueno, profesor de genética en la UB y divulgador

Otra duda que suele asaltar en este caso a padres y madres. ¿La estimulación temprana es recomendable?

Estimular es positivo, pero no sobreestimular.

Vaya. Pero ¿dónde pone la línea?

En la felicidad del niño. Si es feliz, bien. Si se agobia, mal. Hay que fijarse, para no ir demasiado lejos y generar estrés. También porque los niños necesitan aburrirse. Es otro tipo de aprendizaje. Cuando te aburres tienes tiempo para ser tú mismo: piensas, decides qué hacer. Las personas que de pequeñas tienen tiempo para autoorganizar su tiempo -al final aburrirse es esto- de mayores tienen mejores funciones ejecutivas. Tomarán decisiones con más facilidad.

Seguimos con la estimulación. Las pantallas la multiplican. ¿Cómo lo ve?

Estimulan mucho. El cambio de imágenes es mucho más rápido que en la naturaleza. No puedo decir que esto perjudique, pero sí que hay que ser responsable a la hora de gestionar el tiempo de pantalla. No se puede vivir de espaldas a la pantalla, pero sí se han de encontrar momentos por otros espacios.

Pero -perdone que insista- con los más pequeños da la sensación de que hay algo más en las pantallas que los atrae. Como si se les activara un mecanismo interno.

Es que la pantalla entra a través de la vista y el oído, dos de los sentidos más desarrollados en la interacción con el mundo. Y es una fuente constante de novedades. Además, presenta situaciones que los niños interpretan de forma creativa: cuando ven el comecocos personalizan el juego, activan la parte social del cerebro.

Esta parte del cerebro, la social, ¿cuándo se desarrolla?

Desde el nacimiento. A un bebé le pones delante una cara o un objeto y seguirá la cara. Está socializando. Constantemente estamos pendientes de nuestro entorno. De hecho, para un niño, la mejor recompensa -un elemento que forma parte de la educación- es el reconocimiento de sus iguales, de su profesor, de quien sea. Una risa sana de los compañeros es mucho más gratificante que sacar un 10. Una mirada de aprobación del maestro o la madre es más gratificante que el helado que le comprarán. Por eso también es importante no ridiculizar nunca a un alumno. Algunos docentes pueden pensar que esto les estimula a quererse superar, pero no. Nada más lejos de la realidad.

¿Regañar es negativo?

Se debe regañar en positivo. Pasar del no lo has hecho bien al puedes hacerlo mejor.

El refuerzo positivo.

Nada que la pedagogía no haya repetido mil veces. La parte de la amígdala que detecta los peligros se activa cuando recibe un input negativo; cuando el input es positivo se activan también otras partes, como la de la creatividad (porque buscas maneras resolver lo que ha motivado la reprimenda).

¿Y si la reprimenda es constante? ¿Llegará el día en que el cerebro dirá basta?

Es lo que llamamos apagón emocional. Típico de la adolescencia. Es un fenómeno preconsciente, la persona no decide. Después de un periodo de negativas -proveniente de cursos anteriores, de la familia y otros entornos- el cerebro decide que pasa. Son los alumnos que se sientan allí espatarrados. Ya llegas tarde para motivarles. Han desconectado. Al inicio de la crisis me preocupaba cuando los diarios publicaban que los jóvenes no encontrarían trabajo. ¡No se lo digas así! Puedes decir que tendrán que currar más, pero si no estás favoreciendo el apagón emocional.

Hagamos una pausa. Da la sensación de que todo lo que me está contando corrobora lo que padres y maestros siempre han intuido y comprobado por la vía de los hechos.

Es que la neurociencia aporta algunas cosas nuevas, pero sirve sobre todo para justificar por qué unas estrategias pedagógicas funcionan y otras no. La motivación o el trabajo entre iguales activan el cerebro social y el aprendizaje es más integral. Esto es así. Pero la neurociencia no aporta la piedra filosofal de la educación. Un ejemplo: La letra con sangre entra. La neurociencia demuestra que sí, que cuando sufres dolor se te activa el cerebro para aprender. Básicamente para así escaquearse de ese dolor. Por lo tanto la frase es cierta. Otra cosa es que sea moralmente aceptable.

Comentaba que en los adolescentes la parte del cerebro más activa es el emocional. ¿Esto da validez a planteamientos como el de la educación emocional?

La neurociencia demuestra que es un factor importante, sí. Cuando la parte emocional del cerebro está activada el aprendizaje es más completo. Las áreas que activas racionalmente son menos. Pero esto no sólo en adolescentes, sino en todas las etapas. En la universidad siempre intento empezar la clase llamándoles la atención con algún recurso. Funciona mucho hablar de una persona, porque les activa el cerebro social. Saber que un científico dijo algo o falseó unos datos les llama la atención. Les engancha.

Otra pregunta que no puedo dejar de hacerle es sobre las drogas. ¿Cómo afectan al cerebro de los jóvenes?

Son mucho más perjudiciales de lo que socialmente estamos dispuestos a aceptar. ¿Pero mucho, eh? El alcohol mutila conexiones, aparte de generar adicción. Y la marihuana altera la percepción que los tienen del mundo y, si su consumo se mantiene constante, puede acabar provocando psicosis. Dificultan cualquier aprendizaje. Además, ha habido casos de adolescentes que dejan de fumar y los problemas les salen más tarde. El cerebro puede quedar irreversiblemente tocado.

He hablado con educadores sociales que, a pesar de no negar los efectos, me dicen que de poco va a servir que les proyectamos estos temores, porque muchos ya han hecho este apagón emocional.

Cierto. Y además la adolescencia es la etapa del riesgo. Se busca romper límites. Si les das como argumento el daño que les causará, a veces este riesgo puede estimularles.

Entonces, ¿qué nos queda?

Lo ideal es que no tengan la necesidad de entrar en este mundo. Mantener su cerebro activo en otras cosas. A veces entran en ello buscando novedades, porque esto forma parte de la actividad de nuestro cerebro. Pues dales novedades a través de otras formas lúdicas: centros recreativos, teatro, deportes. Incluso de riesgo: llevarles a escalar al monte es un riesgo, pero les llena.

Hablemos de horarios escolares, sobre los que hay un debate polémico. ¿Qué puede aportar la neurociencia al debate de los horarios?

Poca cosa, siempre que el aprendizaje que intercale zonas intensas con otras más lúdicas. Lo importante es que la escuela no ocupe la mayor parte del día: que tengan tiempo para el ocio. Otra cosa es poder conjugar una jornada más corta o compacta con las necesidades sociales y laborales.

La jornada intensiva hace que los adolescentes empiecen muy temprano. Tengo entendido que esto va en contra de sus ritmos.

Efectivamente. En Secundaria les hacemos empezar temprano, a las 8 h, cuando deberían hacerlo después, sobre las 10 h. Su cerebro hace un cambio horario y por la noche son mucho más activos.

Eso es todo. Tengo la sensación de que me voy con pocas grandes novedades pero sí con más certezas.

Es que la sopa de ajo ya está inventada. Las pedagogías funcionan. Lo que podemos hacer nosotros es señalar que hay procesos que se pueden optimizar, y que hay cosas que es mejor que no hagamos. Como por ejemplo, cuando la LOMCE limita las artes plásticas y la música podemos decir que no, que tenemos que ir al revés, que estas áreas activan zonas del cerebro importantes para otros aprendizajes.

Fuente: http://www.eldiario.es/catalunya/educacion/David-Bueno-aprobacion-maestro-gratificante_0_377962930.html

Notas:

David Bueno: http://www.oei.es/divulgacioncientifica/entrevistas_142.htm

“Fight -or-Flight : (ataque o huída) http://en.wikipedia.org/wiki/Fight-or-flight_response

Apagón emocional: http://neurocomunica.com/neurocomunica/como-evitar-el-apagon-emocional/

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Dolor: plasticidad y aprendizaje

Originalmente publicado en arturo goicoechea:

La plasticidad está de moda. El cerebro es un órgano plástico. Admite retoques, estimulaciones, inhibiciones, refuerzos. Para ello podemos utilizar psicoterapias y “neuromoduladores”, fármacos que modifican los niveles de serotonina, dopamina, noradrenalina o bajan los ímpetus excitatorios de los circuitos.

El futuro nos permitirá activar o inhibir a demanda áreas cerebrales aplicando campos electromagnéticos. Bastará con identificar dónde está cada función, para impulsarla si anda floja o inhibirla si se excede. Los microchips introducirán circuitos que nos acercarán a los objetivos marcados manipulándolos debidamente.

Todo podrá ser contenido o animado.

La plasticidad neuronal ha abierto el melón del intervencionismo desde todos los ángulos imaginables y en todos los ámbitos de la vida del sapiens (m.n.t.). Cualquier intervención encontrará un cerebro plástico que admitirá el retoque.

La neuroplasticidad es jauja, futuro.

El dolor no podía escapar a la moda neuroplástica pero, en este caso, para justificar su cronificación. Cualquier evento físico…

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“Estar conectados permanentemente no es bueno”

Originalmente publicado en Facundo Manes:

Los Primeros

El prestigioso neurocientífico presenta hoy en Tucumán su último libro titulado “Usar el cerebro”. En LOS PRIMEROS habló de las nuevas tecnologías y cómo afecta nuestra vida diaria. El desafío futuro: manejar el tiempo personal y las emociones.

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Si hay sangre hay audiencia (1)

“Cada segundo, una avalancha de datos cae sobre nuestros sentidos. Para procesar ese diluvio, la mente criba y ordena la información, tratando de separar lo fundamental de lo anecdótico. Y dado que no hay nada más fundamental para la mente que la supervivencia, el primer filtro que se encuentra la mayor parte de la información entrante es la amígdala.

La amígdala es una parte del lóbulo temporal en forma de almendra, responsable de las emociones primarias, como la ira, el odio o el miedo. Es nuestro sistema de alerta en primera línea, un órgano que está siempre en alerta máxima, cuyo trabajo es encontrar cualquier cosa de nuestro entorno que pueda ser una amenaza para nuestra supervivencia.

Si en condiciones normales está alerta, una vez estimulada, la amígdala se vuelve hipervigilante. Entonces nuestro foco de atención se tensa y nuestra respuesta de “luchar o huir” se pone en marcha. Nuestro ritmo cardíaco se acelera, los nervios disparan más rápidamente, los ojos se dilatan para conseguir una mejor visión y la piel se enfría a medida que la sangre circula hacia los músculos para posibilitar un ritmo de reacción más rápido. Cognitivamente, nuestro sistema de reconocimiento de situaciones, escarba en nuestros recuerdos en busca de ocasiones similares (para ayudar a identificar la amenaza) y de soluciones potenciales (para neutralizarlas).

Pero la respuesta es tan potente, que una vez puesta en marcha es casi imposible detenerla, y esto es un problema en el mundo moderno.

Hoy en día estamos saturados de información. Tenemos millones de fuentes de información compitiendo en nuestro cerebro para que las recordemos. ¿Y cómo compiten? Luchando por obtener la atención de la amígdala…..Simplemente, las buenas noticias no captan nuestra atención. Las malas venden, porque la amígdala siempre está buscando algo que temer.

Pero esto tiene un impacto inmediato en nuestra atención. David Eagleman, un neurocientífico del Baylor College de Medicina, explica que incluso en circunstancias rutinarias la atención es un recurso limitado.

Imagina que estás viendo un corto con un solo actor que está haciendo una tortilla”. Se produce un cambio de plano mientras el actor sigue cocinando. Seguramente te darás cuenta de si el actor se ha convertido en otra persona ¿verdad?. Pues, dos tercios de los observadores no lo hacen”. “Esto ocurre proque la atención es un recurso muy limitado y una vez que nos centramos en una cosa, a menudo no nos damos cuenta de la siguiente. Por supuesto, cualquier respuesta ante el miedo amplifica el efecto. Lo que significa todo esto es que cuando la amígdala comienza a buscar malas noticias, mayormente va a encontrar malas noticias“.

Para exacerbar esta situación, nuestro sistema de alerta en primera línea ha ido evolucionando. En una época en que los peligros estaban cerca, las amenazas eran del tipo -“hay un tigre en la maleza”. Las cosas han cambiado desde entonces. Muchos de los peligros actuales son probabilísticos-la economía puede desplomarse, podría haber un ataque terrorista- y la amígdala no puede distinguir la diferencia.

Y lo que es peor, el sistema también está diseñado para no apagarse hasta que el peligro potencial haya desaparecido completamente, pero los peligros probabilísticos nunca desaparecen totalmente. Añade a todo esto unos medios de comunciación que “no pueden evitar” meternos contínuamente el miedo en el cuerpo, en un intento de captar cuota de mercado y tendrás una mente convencida de que está viviendo en estado de sitio-un estado que es especialmente problemático-, como explica el doctor Marc Siegel de la Universidad de Nueva York, en su libro “False alarm: The Truth About the Epidemic of Fear”………………………………………………………………………………………………………………………

Para la abundancia todo esto conlleva un triple castigo. Primero, es difícil ser optimista porque la arquitectura de filtrado de la mente está diseñada para ser pesimista. Segundo, las buenas noticias desaparecen, porque los medios de comunicación están muy interesados en exagerar lo malo. Tercero, los científicos han descubierto recientemente algo peor: no se trata solo de que estos instintos de supervivencia nos hagan creer que el “agujero en el que estamos metidos es demasiado profundo para poder salir de él” , sino que también reducen nuestro deseo de salir del agujero.

Un deseo de mejorar el mundo se basa en la empatía y en la compasión. La buena noticia es que hoy en día sabemos que estos comportamientos prosociales son parte intrínseca del cerebro. La mala noticia es que estos comportamientos se rigen desde el lento córtex prefrontal, de reciente evolución. Por el contrario, la amígdala evolucionó hace mucho en una época en la que había que responder con celeridad, cuando el tiempo de reacción era básico para la supervivencia. Cuando hay tigres en la maleza, no hay mucho tiempo para pensar, por lo que la mente toma un atajo, no piensa.

En situaciones de peligro, la amígdala lleva la información a nuestros músculos saltándose el córtex prefrontal. Esta es la razón por la que das un salto atrás cuando ves una forma alargada en el suelo, antes de que tengas tiempo de deducir que se trata de un palo y no de una serpiente.

Pero dada la diferencia en las velocidades de procesamiento neuronal, cuando nuestros primitivos instintos de supervivencia se ponene en marcha, nuestros nuevos instintos prosociales se quedan al margen. La compasión, la empatía, el altruismo-incluso la indignación-dejan de ser factores que cuenten. Cuando los medios de comunicación nos ponen en alerta máxima, por ejemplo la desigualdad entre pobres y ricos parece demasiado grande para que la distancia pued salvarse, porque las emociones que nos harían querer salvarla están bloquedas y fuera del sistema”.

Fuente:

“Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas. “ Diamandis, Peter H. & Kotler, Steven. (2012) Antoni Bosch editor . Barcelona

(1)Si hay sangre hay audiencia: if it bleeds, it leads. Es una frase hecha en inglés que hace mención a la fascinación de los medios de comunciación (incluye el cine) por la violencia. (Nota del traductor)

 

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La Glía: las otras células del cerebro

Hasta hace bien poco, los neurocientíficos pensaban que un tipo de células del sistema nervioso llamado Glia tenía meramente un papel de sostén, contribuyendo al buen funcionamiento de las comunicaciones entre las células del cerebro. En contraposición, habían prestado mucha más atención a los 100 millones de células nerviosas denominadas Neuronas. Sin embargo, los últimos estudios indican que la glía desempeña un papel vital en las comunicaciones de las células cerebrales, y quizá también en el desarrollo de la inteligencia humana.

Cuando el genial y legendario Albert Einstein falleció en 1955, le extrajeron el cerebro y lo conservaron dentro de un tarro de formaldehído. Durante los siguientes 30 años, los científicos examinaron pequeños cortes de su cerebro esperando encontrar algunas pistas del motivo de su genialidad.

La mayoría de la gente esperaba que el cerebro de Einstein fuese mayor de lo normal, pero no fue así. Y tampoco había nada inusual en el número o el tamaño de las neuronas, las células del cerebro que se encargan prácticamente de todo, desde respirar hasta pensar.

Entonces, a finales de los años 80, un científico descubrió que después de todo sí había algo diferente en el cerebro de Einstein. Tenía un mayor número de unas células cerebrales denominadas glía o células gliales, especialmente en la corteza asociativa, un área cerebral relacionada con la imaginación y el pensamiento complejo.

Al principio resultó ser un descubrimiento sorprendente y desconcertante para los científicos, que siempre habían creído que las células gliales eran un mero tejido de sostén para las neuronas. Después de todo, las únicas funciones conocidas de la glía por aquel entonces –como hacer llegar nutrientes a las neuronas y eliminar las células nerviosas muertas y otros residuos– no parecían ser tan importantes.

Sin embargo, las últimas investigaciones han puesto a la glía en el punto de mira. Ahora se sabe que las células gliales tienen un papel activo en la formación y la función de las sinápsis, unos pequeños espacios de separación a través de los cuales las neuronas se comunican entre sí. Entre los frutos de la investigación en este campo están:

•             Un mayor conocimiento de cómo las células del cerebro se comunican entre sí y procesan la información.

•             Una nueva perspectiva sobre el desarrollo cerebral.

•             Nuevos enfoques para el tratamiento de trastornos neurológicos como el dolor crónico

Uno de los motivos por el que los investigadores habían subestimado a la glía durante tanto tiempo es que no existía ningún indicio de que estas células se comunicaran entre ellas. Las neuronas “hablan” a través de las sinápsis mediante potenciales de acción, impulsos eléctricos que desencadenan una comunicación química entre las neuronas y generan más impulsos en otras neuronas.

Pero las células gliales no pueden generar potenciales de acción. Gracias a los recientes avances que han experimentado las técnicas de imagen, los científicos han descubierto que las células gliales realmente se comunican, pero no por medios eléctricos sino químicos.

Pronto se hizo evidente que las células gliales no solo “hablaban” entre sí, sino también con las neuronas. En estas células se han encontrado receptores (puntos de atraque) para muchos de los mensajes químicos que utilizan las propias neuronas. Estos receptores les permiten prestar atención a lo que dicen las neuronas y responder de un modo que refuerza los mensajes de estas últimas.

Hay estudios que demuestran que sin las células gliales, las neuronas y sus sinápsis no pueden funcionar correctamente. En uno de ellos, por ejemplo, se observó que las neuronas aisladas de roedores formaban muy pocas sinápsis y generaban muy poca actividad sináptica hasta que estaban rodeadas por un tipo de células gliales conocido como astrocitos. Una vez introducidos los astrocitos, el número de sinápsis se disparaba y la actividad sináptica aumentaba del orden de 10 veces.

Otros estudios de investigación confirman la idea de que la glía es importante para la formación de las sinápsis. Así por ejemplo, los investigadores han descubierto que los astrocitos segregan una sustancia química llamada trombospondina que estimula la formación de sinápsis en las neuronas..

La glía también contribuye al proceso normal de eliminación de sinápsis que tiene lugar durante el desarrollo del cerebro. Como si se podara un árbol demasiado crecido, el cerebro en desarrollo recorta las conexiones innecesarias para simplificar sus circuitos. Algunos estudios recientes parecen indicar que la glía puede estimular este proceso con la ayuda del sistema inmunitario. Por otro lado, la “poda” anómala de sinápsis sanas puede ser un factor relevante en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer, lo que hace que sea aún más importante entender cómo contribuye la glía a este proceso.

Además de contribuir a la formación y eliminación de las sinápsis, la glía puede estar implicada de manera más directa en otras funciones cerebrales como el aprendizaje. Algunos tipos de células gliales envuelven a los axones –los “cables” que conectan a las neuronas– formando una capa aislante denominada mielina. Cuando los animales crecen en un entorno que estimula el aprendizaje aumenta el grado de mielinización, por lo que las células gliales podrían estar contribuyendo activamente al aprendizaje.

Al entender el cómo y el por qué se comunican las células gliales, los científicos se están replanteando el modo de funcionamiento del cerebro y la forma de tratarlo cuando algo no funciona correctamente. La glía se ha relacionado con diversos trastornos neurológicos como la dislexia, el autismo, la tartamudez, la sordera tonal, el dolor crónico, la epilepsia, los trastornos del sueño e incluso la mentira patológica.

Es de esperar que a medida que la investigación sobre la glía progrese, estas células del cerebro, hasta hoy no tan conocidas y quizá una de las causas del genio de Einstein, sigan dando grandes titulares.

Para saber más:

Barres BA (2008) The mystery and magic of glia: a perspective on their roles in health and disease. Neuron. 60: 430-440

Fuente: http://www.senc.es/es/content/la-gl%C3%ADa-las-otras-c%C3%A9lulas-del-cerebro?utm_content=bufferdfc17&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

fuese mayor de lo normal, pero no fue así. Y tampoco había nada inusual en el número o el tamaño de las neuronas, las células del cerebro que se encargan prácticamente de todo, desde respirar hasta pensar.

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El inesperado boom de las neurociencias

El cerebro es el nuevo océano, el nuevo espacio, el nuevo cielo.  El siglo XXI hizo su entrada redirigiendo las luces sobre el mismo mecanismo que nos lleva a pensar por qué pensamos. Y ya nadie necesitó un espectáculo natural para sentirse abrumado por preguntas. En el colectivo, caminando por la calle o leyendo esta nota, la simple posibilidad de cuestionarnos nuestro funcionamiento mental puede ser tan estresante e intrigante como preguntarse a dónde termina el espacio.

¿Es la neurociencia la nueva autoayuda?

 “Todo lo que hago y dejo de hacer, lo que pienso y dejo de pensar, lo que siento y dejo de sentir tiene que ver con el cerebro. Cuanto más lo conozca, mejor lo voy a usar”. Quien resume la promesa fundante de los best sellers de la neurociencia, es Estanislao Bachrach, autor de uno de los best – sellers del género de divulgación en nuestro país, AGILMENTE.

Bachrach no se sonroja al admitir que tanto científicos como los lectores, usan una misma brújula: el deseo de mejorar la vida.  En este punto, es dónde para él, ambos géneros se saludan y hasta pueden enriquecerse. “La autoayuda y la neurociencia van de la mano. La neurociencia es una disciplina que permite conocerme más, es lo mismo que la autoayuda, nada más que con un conocimiento científico detrás. Hay gente a la que le gusta eso y gente que prefiere ir a la iglesia, o charlar con su psicólogo”, explica con naturalidad.

“Son todas distintas y todas complementarias, lo importante es cuál le gusta a cada uno, con cuál se siente identificado y cuál lo ayuda. No me parece que sea mejor la neurociencia, es distinta, pero tiene que ver con lo mismo: el autoconocimiento, saber cómo funcionás, por qué te pasan las cosas, qué querés hacer, cómo hacerlo”.

A Diego Golombek, uno de los precursores de la divulgación científica en el país, la pregunta le causa cierta gracia. “A todo libro se le puede sacar consejos o ideas para aplicar en la vida cotidiana. Eso no quiere decir que pertenezcan al género de autoayuda”, diferencia. “La autoayuda exagera una necesidad genuina de la gente que busca respuestas a sus problemas. Pero acá trazaría una línea: es muy fácil discriminar los textos que tiene un basamento científico, fuentes autorizadas y autores con las credenciales adecuadas de los que se suben al tren de la moda del cerebro y ofrecen soluciones mágicas para todo”, advierte.
El boom del cerebro. Las nuevas tecnologías y la rapidísima circulación de información que trajo aparejada la democratización de la web significaron al terreno de la neurociencia, un cambio sustancial: se estima que en los últimos veinte años, se aprendió del cerebro más que en todo el siglo XX.
La posibilidad de escanear, medir ondas y visualizar y hasta entrar en contacto directo con este órgano, sin afectar sus funciones, permitieron, para empezar, que haya mucho más que decir respecto a él. Muchas de las cosas que hoy sabemos que comienzan a ser posibles como reemplazar algunas de sus partes por prótesis o grabar imágenes de sueños son tan difíciles de creer que generan en nosotros no sólo atracción, sino también esperanza. Mucha gente que no sabe como superar problemas como adicciones, estados anímicos complicados o fases de angustia, ve en esto una posible alternativa a aquello que no pueden manejar.
 
“Como editorial, no pensamos en términos de autoayuda”, explica Silvia Itkin editora general en Ediciones B. “Sin embargo, sabemos que a nuestro lector le seduce entender la aplicación de lo que le estamos contando”, afirma.
En este sentido, la llegada de nuevas especialidades al terreno de la divulgación, como la especifiquísimaPsico-inmuno-neuro-endocrinología,  que explica la relación entre las emociones, las hormonas y el sistema de defensas, permite despertar conciencias sobre la interconexión del cuerpo humano.
 “¿Cómo decidimos? ¿Qué recordamos y qué olvidamos? ¿Qué es la inteligencia? ¿Tenemos libre albedrío?
“Hasta hace algunas décadas, estas preguntas eran abordadas únicamente por filósofos, artistas, líderes religiosos y científicos que trabajaban aisladamente” reflexiona Facundo Manes quien además de ser uno de los autores más vendidos, resulta ser una eminencia internacional en el tema.
“En los últimos años, las neurociencias aparecieron como una nueva herramienta para intentar entender estos enigmas y miles de otros y esto sí representó una novedad. Podemos indagar cualquier cosa desde la óptica de la neurociencia”.
Gracias a este gran poder abarcativo, el mismo Manes se convirtió en una suerte de figura estelar todo terreno. Hoy, sus charlas pueden hablar de sentimientos, de vínculos, de liderazgo y hasta de alimentación. Después de todo, el cerebro está relacionado con tantas cosas que las variables que lo influyen se vuelvan hasta inconmensurables. El sueño, nuestros vínculos, la alegría, las drogas, el amor, Manes es un todo terreno que cumple a la perfección el modelo de divulgador que buscamos en la era web; una persona sólida, con excelente capacidad comunicativa y prestigio avalado por el credo racional del método científico. Pero hay algo más: es también alguien a quien le podemos pedir buenos consejos.
Con la neurociencia no sólo nació un género literario. También un género oral: las conferencias científicas con tintes de stand up que terminan con diálogos y preguntas del público. La dimensión de showman de los científicos, antes estereotipados como nerds de laboratorio, los convierte ahora en nuevas rockstars, que no solo despiertan curiosidad, sino también vocaciones.
“En mis charlas cuento el conocimiento, y doy herramientas que uso hace cinco años en distintos tipo de organizaciones; algunas funcionan y otras no, porque no son fórmulas mágicas, sino herramientas. Son actividades para cambiar cosas de la rutina, como establecerte objetivos de forma diferente, organizar distinto el día para rendir mejor”, explica.
Aunque la neurociencia mantiene desde hace casi una década su lugar entre los best seller internacionales, y es hace la mitad, parte del panorama nacional, muchos predicen que no se trata de un fenómeno pasajero sino de una nueva manera de analizar la información. Queremos saber de tecnología, de celulares inteligentes, de aplicaciones que nos solucionan la vida. Queremos saber de la computadora mayor: el cerebro.
Editado por: Raquel Ferrari
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El índice Kardashian

Por José R. Alonso

Kim Kardashian es eso tan curioso que se conoce como «una famosa». A pesar de que no se sabe que haya hecho nada relevante en ningún tema relevante (ciencia, política, arte, música, crimen), es una de las personas con más seguidores en twitter (26,6 millones) y su nombre está entre los más buscados en google.

Al parecer su fama inicial proviene de un encuentro privado entre ella y un amigo, que fue grabado en video en 2003 y esa particular película amateur acabó en ese conventillo virtual que es Internet en 2007. La demanda que presentó a la distribuidora Vivid Entertainment se zanjó con un acuerdo por 5 millones de dólares y pasó a ser lo que en el mundo anglosajón se denomina una «celebrity», el salto a la fama.

Es cierto que su entrada en Wikipedia la define como actriz, diseñadora de moda, twitterpersonaje social, personalidad de los medios sociales y la televisión, modelo y mujer de negocios pero no es menos cierto que esos negocios se basan en unir su nombre y su perfil público a una marca determinada o un evento. Recibe «royalties» de lápices de labios, zapatos, ropa, alimentos dietéticos, videos de gimnasia, videojuegos y hasta pastelitos. A lo largo de los años ha tenido cameos en distintas series, ha participado en concursos estilo Mira quien baila, ha actuado en distintas películas, ha sido tertuliana —en 2010 se le consideró el personaje mejor pagado de televisión, con unos ingresos estimados en 6 millones de dólares anuales— y ha tenido su propia serie de televisión. En invierno de 2014 ella, o mejor su culo, fue protagonista de la portada de Paper magazine. 1086186

Hubo muchas críticas tanto en los medios tradicionales como en Internet a lo que era considerado un importante retroceso en la defensa de una imagen digna de la mujer y también es cierto que la página web de Paper pasó de las 25.000 visitas que tenía de media, a 15,9 millones en un solo día.

 

La fama y la popularidad entre los investigadores es un asunto resbaladizo. La fundación de la Royal Society de Londres en 1660 creó un nuevo tipo de ciencia. Hubo el primer científico a sueldo (Robert Hooke, descubridor de la célula y comisario de experimentos), la primera reunión periódica de especialistas (congresos, simposia y encuentros, como los que ellos realizaban en el Gresham College), la comunicación internacional (como las cartas que Leeuwenhoek mandaba desde Holanda con sus descubrimientos) y la publicación de los resultados de la investigación no solo en libros sino también en revistas especializadas (Philosophical Transactions of the Royal Society, fundada en 1665). nettleton_tpEste modelo ha llegado con bastante uniformidad hasta nuestros días.

Voy a hacer una serie de afirmaciones que creo tienen un respaldo mayoritario entre los investigadores pero también, en mi opinión, un apoyo que es decreciente en el orden en que las presento:

  1. La investigación debe ser publicada. Algunos llegan a decir que la investigación no publicada, no existe. Una investigación no publicada no puede ser juzgada, ni puede ser confirmada o continuada y corre el riesgo de ser repetida, con el consiguiente dispendio de tiempo, esfuerzo y dinero.
  2. La publicación de una investigación debe buscar la máxima difusión, por lo que debe hacerse en inglés. Aquí existen críticas tanto desde un punto de vista nacionalista —nuestro idioma debe ser una lengua científica— o justificaciones por una supuesta especificidad de la investigación —yo estudio los orígenes etnológicos de la sardana, por lo que mis lectores va a ser mayoritariamente catalanes y debo dirigirme a ellos en su lengua aunque mi investigación sea tan interesante e importante como lo mejor publicado en inglés.
  3. La mayor difusión la tienen las revistas que llamamos «de impacto» por lo que debemos intentar publicar en ellas. Algunos investigadores que no publican en estas revistas siempre utilizan el argumento de artículos malos publicados en buenas revistas o artículos excelentes publicados en revistas desconocidas, pero parece claro que se trata de excepciones a una regla general que podemos definir como que la mejor investigación se publica normalmente en las revistas mejor valoradas.
  4. El impacto de una publicación determinada se puede medir con indicadores bibliométricos como el número de citas por otros autores. Asumido esto, es también cierto que un tipo determinado de artículo como los metodológicos o las revisiones tiene comparativamente muchas citas y un articulo especialmente malo, como un plagio o un supuesto avance que luego resulta ser falso, recibirá un numero alto de citas, aunque sea para vilipendiarlo. Como regla general, en los artículos «normales» la investigación más novedosa será normalmente más citada, siempre por supuesto comparando dentro de la misma disciplina.
  5. La calidad relativa de un investigador es difícil de medir pero se puede conseguir una aproximación razonable con sus publicaciones (cantidad, calidad de las revistas y citas específicas de sus artículos). Estos criterios son los usados en muchas de las evaluaciones tanto para la financiación de un proyecto como para una promoción en la universidad o en el CSIC. La prueba de que no es fácil es que no se usa un algoritmo que permitiera una valoración automática ni tampoco es un trabajo mecánico que pueda ser hecho por personal administrativo sino que se requiere siempre la participación de especialistas del mismo área de conocimiento y nivel similar o superior al solicitante que puedan hacer una evaluación razonada.
  6. Hay que complementar la publicación especializada con una difusión más amplia de las investigaciones. Un artículo en una revista especializada tiene por definición una audiencia reducida, los especialistas que trabajan en el mismo tema o un tema relacionado. Las agencias de financiación de la investigación requieren frecuentemente un plan de difusión de la investigación. Se piensa que es parte de un retorno: como la investigación es financiada por la sociedad con sus impuestos hay que darle cuentas de lo realizado y conseguido. Bastantes investigadores reniegan de esta exigencia y la consideran una pérdida de tiempo, un requisito molesto, una degradación. Personalmente creo que es algo necesario y adecuado, imprescindible para aumentar la cultura científica de la sociedad y aumentar el respaldo a la investigación.
  7. Los investigadores deben usar las redes sociales. No sé siquiera si en una encuesta el respaldo a esta afirmación sería mayoritario e imagino que hay también un componente generacional. Quizá es necesario distinguir entre medios de comunicación tradicional (redes sociales clásicas) y los medios digitales (redes sociales modernas). brain1Muchos investigadores usamos redes sociales pero es posible que la mayoría lo hagan más para aspectos personales que profesionales. Por otro lado, hay muchos divulgadores que utilizan con fruición las redes sociales para contar investigación aunque no sean ellos los que la han hecho. El número de científicos que usan twitter, Facebook, pinterest u otros para difundir su investigación creo que va creciendo pero es aún minoritario.

En julio de 2014, Neil Hall ha publicado un estudio en la revista Genome Biology donde establece un nuevo índice que ha denominado Indice Kardashian.

Índice Kardashian

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Medio en broma, medio en serio, Hall compara el impacto especializado de un investigador (medido mediante el número de citas de publicaciones) con el impacto social del mismo investigador (medido mediante el número de seguidores en Twitter).

Ha seleccionado una muestra de 40 investigadores que llevan un tiempo en Twitter, ha eliminado aquellas referencias iniciales de la Genómica que se han convertido en «clásicos» y por eso son citados reiteradamente y ha establecido una correlación. Por encima de un valor de 5 estarían los científicos «kardashians», aquellos que son famosos, tienen mucha presencia social, salen en programas de televisión o medios de comunicación pero luego no tienen apenas investigación relevante propia.

Aquí lógicamente no encajan los divulgadores, periodistas y otros profesionales que hacen una magnífica labor pero no hacen investigación. Valores de índice Kardashian (K-index) muy bajos significan —según Hall— científicos infravalorados, cuya investigación es reconocida por sus colegas pero no por el público en general o que simplemente no trabajan las redes sociales.

El índice Kardashian se puede definir como la razón entre el número de seguidores en Twitter (S) y el número de seguidores esperable (Se) según el número de citas de sus trabajos (C)

Se=43,3.C0,32

IK= S/Se

La revista Science exploró el índice Kardashian y resulta que:

1)     Solo 1/5 de los científicos con más impacto (con más citas) tenían una cuenta de Twitter identificable.

2)     Los tres científicos con más seguidores en Twitter tienen índices K muy altos, lo que les convertiría según Hall en científicos kardashians pero todos reconocemos un alto valor a su trabajo, para la ciencia y para la sociedad.

  • NeildeGrasse Tyson, astrofísico tiene más de 2,4 millones de seguidores en su cuenta de twitter (@neiltyson) pero solo 151 citas, así que su K-index es de 11.129.NeilTysonOriginsA-Crop_400x400
  • Brian Cox, físico, tiene 1,4 millones de seguidores en twitter (@ProfBrianCox) y 33.301 citas, por lo que su K-index es de 1.188.
  • Richard Dawkins, biólogo, tiene 1.02 millones de seguidores en twitter (@RichardDawkins), 49.631 citas, por lo que su K-index es de 740.

 

 

 

En mi caso, en el momento en que escribo esto, mis seguidores en twitter (@jralonso3) son 1.716 y las citas a mis artículos científicos 2.538, por lo que mi K-index es 3,2.

Me parece una propuesta provocadora y divertida pero creo que tiene muchos flancos débiles:

  • Igual que los mejores científicos a veces son malos profesores, pueden ser un desastre en las redes sociales y viceversa.
  • Las redes sociales priman ciertos perfiles (provocativos, exhibicionistas, conflictivos, divertidos, etc.) No son perfiles particularmente relacionados con la actividad científica.
  • El perfil público y el número de seguidores se multiplica por la presencia en medios tradicionales, en particular la televisión, que a su vez busca a la gente popular. Kim Kardashian es un buen ejemplo. Es un factor enorme de distorsión.
  • La mayoría de los científicos que estamos en Twitter no tuiteamos exclusivamente ni siquiera mayoritariamente sobre nuestra propia investigación. Son las mismas personas pero dudo que sean actividades paralelas. ¿A mayor investigación, mayor presencia en Twitter, más seguidores? No lo creo.
  • Sería interesante ver los seguidores de los investigadores que además somos profesores ¿Son nuestros alumnos? ¿Sumamos una nueva cohorte cada año?

El análisis por Science de los 50 científicos (anglosajones, aunque ellos no lo indiquen) con más seguidores en Twitter muestra otro aspecto deprimente: solo cuatro son mujeres.

TWITTER (1)El análisis por Mètode de los científicos tuiteros en España tuvo el mismo problema, las mejores no aparecían inicialmente aunque fueron detalladas en los comentarios.

El porqué es complejo. La astrónoma Pamela Gay (@starstryder), cuyos 17.000 seguidores la ponen en el puesto 33º dice que es algo que no le sorprende porque a la sociedad todavía le cuesta reconocer a mujeres como líderes en ciencia. Las científicas también tienen más probabilidades de sufrir comentarios sexistas de los típicos imbéciles que se esconden en el anonimato. Según ella decía «En algún momento te hartas con todos los comentarios del tipo “porque eres fea” o “porque estás buena”».

Algunos académicos son muy críticos sobre el tiempo dedicado a las redes sociales mientras que otros pensamos que es una herramienta útil y un tiempo bien invertido. En junio de 2014, Kim Kardashian sacó un juego para móviles (iPhone y Android) titulado Kim Kardashian: Hollywood.

El objetivo del juego es convertirte en una estrella de Hollywood o una starlet. Como muchos otros juegos para móviles, tiene una versión gratuita y luego pequeños cargos para nuevas prestaciones. El juego fue un éxito facturando 1,6 millones de dólares en sus primeros cinco días. En julio, la empresa desarrolladora, GLU Mobile, anunció que era el 5º juego según beneficios en la Apple Store. ¡Esto sí que es otro tipo de ránking y factor de impacto!

Esta entrada fue originalmente publicada en Naukas.

Fuente:

http://jralonso.es/2015/02/18/el-indice-kardashian/#more-318602

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