Si hay sangre hay audiencia (1)

“Cada segundo, una avalancha de datos cae sobre nuestros sentidos. Para procesar ese diluvio, la mente criba y ordena la información, tratando de separar lo fundamental de lo anecdótico. Y dado que no hay nada más fundamental para la mente que la supervivencia, el primer filtro que se encuentra la mayor parte de la información entrante es la amígdala.

La amígdala es una parte del lóbulo temporal en forma de almendra, responsable de las emociones primarias, como la ira, el odio o el miedo. Es nuestro sistema de alerta en primera línea, un órgano que está siempre en alerta máxima, cuyo trabajo es encontrar cualquier cosa de nuestro entorno que pueda ser una amenaza para nuestra supervivencia.

Si en condiciones normales está alerta, una vez estimulada, la amígdala se vuelve hipervigilante. Entonces nuestro foco de atención se tensa y nuestra respuesta de “luchar o huir” se pone en marcha. Nuestro ritmo cardíaco se acelera, los nervios disparan más rápidamente, los ojos se dilatan para conseguir una mejor visión y la piel se enfría a medida que la sangre circula hacia los músculos para posibilitar un ritmo de reacción más rápido. Cognitivamente, nuestro sistema de reconocimiento de situaciones, escarba en nuestros recuerdos en busca de ocasiones similares (para ayudar a identificar la amenaza) y de soluciones potenciales (para neutralizarlas).

Pero la respuesta es tan potente, que una vez puesta en marcha es casi imposible detenerla, y esto es un problema en el mundo moderno.

Hoy en día estamos saturados de información. Tenemos millones de fuentes de información compitiendo en nuestro cerebro para que las recordemos. ¿Y cómo compiten? Luchando por obtener la atención de la amígdala…..Simplemente, las buenas noticias no captan nuestra atención. Las malas venden, porque la amígdala siempre está buscando algo que temer.

Pero esto tiene un impacto inmediato en nuestra atención. David Eagleman, un neurocientífico del Baylor College de Medicina, explica que incluso en circunstancias rutinarias la atención es un recurso limitado.

Imagina que estás viendo un corto con un solo actor que está haciendo una tortilla”. Se produce un cambio de plano mientras el actor sigue cocinando. Seguramente te darás cuenta de si el actor se ha convertido en otra persona ¿verdad?. Pues, dos tercios de los observadores no lo hacen”. “Esto ocurre proque la atención es un recurso muy limitado y una vez que nos centramos en una cosa, a menudo no nos damos cuenta de la siguiente. Por supuesto, cualquier respuesta ante el miedo amplifica el efecto. Lo que significa todo esto es que cuando la amígdala comienza a buscar malas noticias, mayormente va a encontrar malas noticias“.

Para exacerbar esta situación, nuestro sistema de alerta en primera línea ha ido evolucionando. En una época en que los peligros estaban cerca, las amenazas eran del tipo -“hay un tigre en la maleza”. Las cosas han cambiado desde entonces. Muchos de los peligros actuales son probabilísticos-la economía puede desplomarse, podría haber un ataque terrorista- y la amígdala no puede distinguir la diferencia.

Y lo que es peor, el sistema también está diseñado para no apagarse hasta que el peligro potencial haya desaparecido completamente, pero los peligros probabilísticos nunca desaparecen totalmente. Añade a todo esto unos medios de comunciación que “no pueden evitar” meternos contínuamente el miedo en el cuerpo, en un intento de captar cuota de mercado y tendrás una mente convencida de que está viviendo en estado de sitio-un estado que es especialmente problemático-, como explica el doctor Marc Siegel de la Universidad de Nueva York, en su libro “False alarm: The Truth About the Epidemic of Fear”………………………………………………………………………………………………………………………

Para la abundancia todo esto conlleva un triple castigo. Primero, es difícil ser optimista porque la arquitectura de filtrado de la mente está diseñada para ser pesimista. Segundo, las buenas noticias desaparecen, porque los medios de comunicación están muy interesados en exagerar lo malo. Tercero, los científicos han descubierto recientemente algo peor: no se trata solo de que estos instintos de supervivencia nos hagan creer que el “agujero en el que estamos metidos es demasiado profundo para poder salir de él” , sino que también reducen nuestro deseo de salir del agujero.

Un deseo de mejorar el mundo se basa en la empatía y en la compasión. La buena noticia es que hoy en día sabemos que estos comportamientos prosociales son parte intrínseca del cerebro. La mala noticia es que estos comportamientos se rigen desde el lento córtex prefrontal, de reciente evolución. Por el contrario, la amígdala evolucionó hace mucho en una época en la que había que responder con celeridad, cuando el tiempo de reacción era básico para la supervivencia. Cuando hay tigres en la maleza, no hay mucho tiempo para pensar, por lo que la mente toma un atajo, no piensa.

En situaciones de peligro, la amígdala lleva la información a nuestros músculos saltándose el córtex prefrontal. Esta es la razón por la que das un salto atrás cuando ves una forma alargada en el suelo, antes de que tengas tiempo de deducir que se trata de un palo y no de una serpiente.

Pero dada la diferencia en las velocidades de procesamiento neuronal, cuando nuestros primitivos instintos de supervivencia se ponene en marcha, nuestros nuevos instintos prosociales se quedan al margen. La compasión, la empatía, el altruismo-incluso la indignación-dejan de ser factores que cuenten. Cuando los medios de comunicación nos ponen en alerta máxima, por ejemplo la desigualdad entre pobres y ricos parece demasiado grande para que la distancia pued salvarse, porque las emociones que nos harían querer salvarla están bloquedas y fuera del sistema”.

Fuente:

“Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas. “ Diamandis, Peter H. & Kotler, Steven. (2012) Antoni Bosch editor . Barcelona

(1)Si hay sangre hay audiencia: if it bleeds, it leads. Es una frase hecha en inglés que hace mención a la fascinación de los medios de comunciación (incluye el cine) por la violencia. (Nota del traductor)

 

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La Glía: las otras células del cerebro

Hasta hace bien poco, los neurocientíficos pensaban que un tipo de células del sistema nervioso llamado Glia tenía meramente un papel de sostén, contribuyendo al buen funcionamiento de las comunicaciones entre las células del cerebro. En contraposición, habían prestado mucha más atención a los 100 millones de células nerviosas denominadas Neuronas. Sin embargo, los últimos estudios indican que la glía desempeña un papel vital en las comunicaciones de las células cerebrales, y quizá también en el desarrollo de la inteligencia humana.

Cuando el genial y legendario Albert Einstein falleció en 1955, le extrajeron el cerebro y lo conservaron dentro de un tarro de formaldehído. Durante los siguientes 30 años, los científicos examinaron pequeños cortes de su cerebro esperando encontrar algunas pistas del motivo de su genialidad.

La mayoría de la gente esperaba que el cerebro de Einstein fuese mayor de lo normal, pero no fue así. Y tampoco había nada inusual en el número o el tamaño de las neuronas, las células del cerebro que se encargan prácticamente de todo, desde respirar hasta pensar.

Entonces, a finales de los años 80, un científico descubrió que después de todo sí había algo diferente en el cerebro de Einstein. Tenía un mayor número de unas células cerebrales denominadas glía o células gliales, especialmente en la corteza asociativa, un área cerebral relacionada con la imaginación y el pensamiento complejo.

Al principio resultó ser un descubrimiento sorprendente y desconcertante para los científicos, que siempre habían creído que las células gliales eran un mero tejido de sostén para las neuronas. Después de todo, las únicas funciones conocidas de la glía por aquel entonces –como hacer llegar nutrientes a las neuronas y eliminar las células nerviosas muertas y otros residuos– no parecían ser tan importantes.

Sin embargo, las últimas investigaciones han puesto a la glía en el punto de mira. Ahora se sabe que las células gliales tienen un papel activo en la formación y la función de las sinápsis, unos pequeños espacios de separación a través de los cuales las neuronas se comunican entre sí. Entre los frutos de la investigación en este campo están:

•             Un mayor conocimiento de cómo las células del cerebro se comunican entre sí y procesan la información.

•             Una nueva perspectiva sobre el desarrollo cerebral.

•             Nuevos enfoques para el tratamiento de trastornos neurológicos como el dolor crónico

Uno de los motivos por el que los investigadores habían subestimado a la glía durante tanto tiempo es que no existía ningún indicio de que estas células se comunicaran entre ellas. Las neuronas “hablan” a través de las sinápsis mediante potenciales de acción, impulsos eléctricos que desencadenan una comunicación química entre las neuronas y generan más impulsos en otras neuronas.

Pero las células gliales no pueden generar potenciales de acción. Gracias a los recientes avances que han experimentado las técnicas de imagen, los científicos han descubierto que las células gliales realmente se comunican, pero no por medios eléctricos sino químicos.

Pronto se hizo evidente que las células gliales no solo “hablaban” entre sí, sino también con las neuronas. En estas células se han encontrado receptores (puntos de atraque) para muchos de los mensajes químicos que utilizan las propias neuronas. Estos receptores les permiten prestar atención a lo que dicen las neuronas y responder de un modo que refuerza los mensajes de estas últimas.

Hay estudios que demuestran que sin las células gliales, las neuronas y sus sinápsis no pueden funcionar correctamente. En uno de ellos, por ejemplo, se observó que las neuronas aisladas de roedores formaban muy pocas sinápsis y generaban muy poca actividad sináptica hasta que estaban rodeadas por un tipo de células gliales conocido como astrocitos. Una vez introducidos los astrocitos, el número de sinápsis se disparaba y la actividad sináptica aumentaba del orden de 10 veces.

Otros estudios de investigación confirman la idea de que la glía es importante para la formación de las sinápsis. Así por ejemplo, los investigadores han descubierto que los astrocitos segregan una sustancia química llamada trombospondina que estimula la formación de sinápsis en las neuronas..

La glía también contribuye al proceso normal de eliminación de sinápsis que tiene lugar durante el desarrollo del cerebro. Como si se podara un árbol demasiado crecido, el cerebro en desarrollo recorta las conexiones innecesarias para simplificar sus circuitos. Algunos estudios recientes parecen indicar que la glía puede estimular este proceso con la ayuda del sistema inmunitario. Por otro lado, la “poda” anómala de sinápsis sanas puede ser un factor relevante en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer, lo que hace que sea aún más importante entender cómo contribuye la glía a este proceso.

Además de contribuir a la formación y eliminación de las sinápsis, la glía puede estar implicada de manera más directa en otras funciones cerebrales como el aprendizaje. Algunos tipos de células gliales envuelven a los axones –los “cables” que conectan a las neuronas– formando una capa aislante denominada mielina. Cuando los animales crecen en un entorno que estimula el aprendizaje aumenta el grado de mielinización, por lo que las células gliales podrían estar contribuyendo activamente al aprendizaje.

Al entender el cómo y el por qué se comunican las células gliales, los científicos se están replanteando el modo de funcionamiento del cerebro y la forma de tratarlo cuando algo no funciona correctamente. La glía se ha relacionado con diversos trastornos neurológicos como la dislexia, el autismo, la tartamudez, la sordera tonal, el dolor crónico, la epilepsia, los trastornos del sueño e incluso la mentira patológica.

Es de esperar que a medida que la investigación sobre la glía progrese, estas células del cerebro, hasta hoy no tan conocidas y quizá una de las causas del genio de Einstein, sigan dando grandes titulares.

Para saber más:

Barres BA (2008) The mystery and magic of glia: a perspective on their roles in health and disease. Neuron. 60: 430-440

Fuente: http://www.senc.es/es/content/la-gl%C3%ADa-las-otras-c%C3%A9lulas-del-cerebro?utm_content=bufferdfc17&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

fuese mayor de lo normal, pero no fue así. Y tampoco había nada inusual en el número o el tamaño de las neuronas, las células del cerebro que se encargan prácticamente de todo, desde respirar hasta pensar.

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El inesperado boom de las neurociencias

El cerebro es el nuevo océano, el nuevo espacio, el nuevo cielo.  El siglo XXI hizo su entrada redirigiendo las luces sobre el mismo mecanismo que nos lleva a pensar por qué pensamos. Y ya nadie necesitó un espectáculo natural para sentirse abrumado por preguntas. En el colectivo, caminando por la calle o leyendo esta nota, la simple posibilidad de cuestionarnos nuestro funcionamiento mental puede ser tan estresante e intrigante como preguntarse a dónde termina el espacio.

¿Es la neurociencia la nueva autoayuda?

 “Todo lo que hago y dejo de hacer, lo que pienso y dejo de pensar, lo que siento y dejo de sentir tiene que ver con el cerebro. Cuanto más lo conozca, mejor lo voy a usar”. Quien resume la promesa fundante de los best sellers de la neurociencia, es Estanislao Bachrach, autor de uno de los best – sellers del género de divulgación en nuestro país, AGILMENTE.

Bachrach no se sonroja al admitir que tanto científicos como los lectores, usan una misma brújula: el deseo de mejorar la vida.  En este punto, es dónde para él, ambos géneros se saludan y hasta pueden enriquecerse. “La autoayuda y la neurociencia van de la mano. La neurociencia es una disciplina que permite conocerme más, es lo mismo que la autoayuda, nada más que con un conocimiento científico detrás. Hay gente a la que le gusta eso y gente que prefiere ir a la iglesia, o charlar con su psicólogo”, explica con naturalidad.

“Son todas distintas y todas complementarias, lo importante es cuál le gusta a cada uno, con cuál se siente identificado y cuál lo ayuda. No me parece que sea mejor la neurociencia, es distinta, pero tiene que ver con lo mismo: el autoconocimiento, saber cómo funcionás, por qué te pasan las cosas, qué querés hacer, cómo hacerlo”.

A Diego Golombek, uno de los precursores de la divulgación científica en el país, la pregunta le causa cierta gracia. “A todo libro se le puede sacar consejos o ideas para aplicar en la vida cotidiana. Eso no quiere decir que pertenezcan al género de autoayuda”, diferencia. “La autoayuda exagera una necesidad genuina de la gente que busca respuestas a sus problemas. Pero acá trazaría una línea: es muy fácil discriminar los textos que tiene un basamento científico, fuentes autorizadas y autores con las credenciales adecuadas de los que se suben al tren de la moda del cerebro y ofrecen soluciones mágicas para todo”, advierte.
El boom del cerebro. Las nuevas tecnologías y la rapidísima circulación de información que trajo aparejada la democratización de la web significaron al terreno de la neurociencia, un cambio sustancial: se estima que en los últimos veinte años, se aprendió del cerebro más que en todo el siglo XX.
La posibilidad de escanear, medir ondas y visualizar y hasta entrar en contacto directo con este órgano, sin afectar sus funciones, permitieron, para empezar, que haya mucho más que decir respecto a él. Muchas de las cosas que hoy sabemos que comienzan a ser posibles como reemplazar algunas de sus partes por prótesis o grabar imágenes de sueños son tan difíciles de creer que generan en nosotros no sólo atracción, sino también esperanza. Mucha gente que no sabe como superar problemas como adicciones, estados anímicos complicados o fases de angustia, ve en esto una posible alternativa a aquello que no pueden manejar.
 
“Como editorial, no pensamos en términos de autoayuda”, explica Silvia Itkin editora general en Ediciones B. “Sin embargo, sabemos que a nuestro lector le seduce entender la aplicación de lo que le estamos contando”, afirma.
En este sentido, la llegada de nuevas especialidades al terreno de la divulgación, como la especifiquísimaPsico-inmuno-neuro-endocrinología,  que explica la relación entre las emociones, las hormonas y el sistema de defensas, permite despertar conciencias sobre la interconexión del cuerpo humano.
 “¿Cómo decidimos? ¿Qué recordamos y qué olvidamos? ¿Qué es la inteligencia? ¿Tenemos libre albedrío?
“Hasta hace algunas décadas, estas preguntas eran abordadas únicamente por filósofos, artistas, líderes religiosos y científicos que trabajaban aisladamente” reflexiona Facundo Manes quien además de ser uno de los autores más vendidos, resulta ser una eminencia internacional en el tema.
“En los últimos años, las neurociencias aparecieron como una nueva herramienta para intentar entender estos enigmas y miles de otros y esto sí representó una novedad. Podemos indagar cualquier cosa desde la óptica de la neurociencia”.
Gracias a este gran poder abarcativo, el mismo Manes se convirtió en una suerte de figura estelar todo terreno. Hoy, sus charlas pueden hablar de sentimientos, de vínculos, de liderazgo y hasta de alimentación. Después de todo, el cerebro está relacionado con tantas cosas que las variables que lo influyen se vuelvan hasta inconmensurables. El sueño, nuestros vínculos, la alegría, las drogas, el amor, Manes es un todo terreno que cumple a la perfección el modelo de divulgador que buscamos en la era web; una persona sólida, con excelente capacidad comunicativa y prestigio avalado por el credo racional del método científico. Pero hay algo más: es también alguien a quien le podemos pedir buenos consejos.
Con la neurociencia no sólo nació un género literario. También un género oral: las conferencias científicas con tintes de stand up que terminan con diálogos y preguntas del público. La dimensión de showman de los científicos, antes estereotipados como nerds de laboratorio, los convierte ahora en nuevas rockstars, que no solo despiertan curiosidad, sino también vocaciones.
“En mis charlas cuento el conocimiento, y doy herramientas que uso hace cinco años en distintos tipo de organizaciones; algunas funcionan y otras no, porque no son fórmulas mágicas, sino herramientas. Son actividades para cambiar cosas de la rutina, como establecerte objetivos de forma diferente, organizar distinto el día para rendir mejor”, explica.
Aunque la neurociencia mantiene desde hace casi una década su lugar entre los best seller internacionales, y es hace la mitad, parte del panorama nacional, muchos predicen que no se trata de un fenómeno pasajero sino de una nueva manera de analizar la información. Queremos saber de tecnología, de celulares inteligentes, de aplicaciones que nos solucionan la vida. Queremos saber de la computadora mayor: el cerebro.
Editado por: Raquel Ferrari
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El índice Kardashian

Por José R. Alonso

Kim Kardashian es eso tan curioso que se conoce como «una famosa». A pesar de que no se sabe que haya hecho nada relevante en ningún tema relevante (ciencia, política, arte, música, crimen), es una de las personas con más seguidores en twitter (26,6 millones) y su nombre está entre los más buscados en google.

Al parecer su fama inicial proviene de un encuentro privado entre ella y un amigo, que fue grabado en video en 2003 y esa particular película amateur acabó en ese conventillo virtual que es Internet en 2007. La demanda que presentó a la distribuidora Vivid Entertainment se zanjó con un acuerdo por 5 millones de dólares y pasó a ser lo que en el mundo anglosajón se denomina una «celebrity», el salto a la fama.

Es cierto que su entrada en Wikipedia la define como actriz, diseñadora de moda, twitterpersonaje social, personalidad de los medios sociales y la televisión, modelo y mujer de negocios pero no es menos cierto que esos negocios se basan en unir su nombre y su perfil público a una marca determinada o un evento. Recibe «royalties» de lápices de labios, zapatos, ropa, alimentos dietéticos, videos de gimnasia, videojuegos y hasta pastelitos. A lo largo de los años ha tenido cameos en distintas series, ha participado en concursos estilo Mira quien baila, ha actuado en distintas películas, ha sido tertuliana —en 2010 se le consideró el personaje mejor pagado de televisión, con unos ingresos estimados en 6 millones de dólares anuales— y ha tenido su propia serie de televisión. En invierno de 2014 ella, o mejor su culo, fue protagonista de la portada de Paper magazine. 1086186

Hubo muchas críticas tanto en los medios tradicionales como en Internet a lo que era considerado un importante retroceso en la defensa de una imagen digna de la mujer y también es cierto que la página web de Paper pasó de las 25.000 visitas que tenía de media, a 15,9 millones en un solo día.

 

La fama y la popularidad entre los investigadores es un asunto resbaladizo. La fundación de la Royal Society de Londres en 1660 creó un nuevo tipo de ciencia. Hubo el primer científico a sueldo (Robert Hooke, descubridor de la célula y comisario de experimentos), la primera reunión periódica de especialistas (congresos, simposia y encuentros, como los que ellos realizaban en el Gresham College), la comunicación internacional (como las cartas que Leeuwenhoek mandaba desde Holanda con sus descubrimientos) y la publicación de los resultados de la investigación no solo en libros sino también en revistas especializadas (Philosophical Transactions of the Royal Society, fundada en 1665). nettleton_tpEste modelo ha llegado con bastante uniformidad hasta nuestros días.

Voy a hacer una serie de afirmaciones que creo tienen un respaldo mayoritario entre los investigadores pero también, en mi opinión, un apoyo que es decreciente en el orden en que las presento:

  1. La investigación debe ser publicada. Algunos llegan a decir que la investigación no publicada, no existe. Una investigación no publicada no puede ser juzgada, ni puede ser confirmada o continuada y corre el riesgo de ser repetida, con el consiguiente dispendio de tiempo, esfuerzo y dinero.
  2. La publicación de una investigación debe buscar la máxima difusión, por lo que debe hacerse en inglés. Aquí existen críticas tanto desde un punto de vista nacionalista —nuestro idioma debe ser una lengua científica— o justificaciones por una supuesta especificidad de la investigación —yo estudio los orígenes etnológicos de la sardana, por lo que mis lectores va a ser mayoritariamente catalanes y debo dirigirme a ellos en su lengua aunque mi investigación sea tan interesante e importante como lo mejor publicado en inglés.
  3. La mayor difusión la tienen las revistas que llamamos «de impacto» por lo que debemos intentar publicar en ellas. Algunos investigadores que no publican en estas revistas siempre utilizan el argumento de artículos malos publicados en buenas revistas o artículos excelentes publicados en revistas desconocidas, pero parece claro que se trata de excepciones a una regla general que podemos definir como que la mejor investigación se publica normalmente en las revistas mejor valoradas.
  4. El impacto de una publicación determinada se puede medir con indicadores bibliométricos como el número de citas por otros autores. Asumido esto, es también cierto que un tipo determinado de artículo como los metodológicos o las revisiones tiene comparativamente muchas citas y un articulo especialmente malo, como un plagio o un supuesto avance que luego resulta ser falso, recibirá un numero alto de citas, aunque sea para vilipendiarlo. Como regla general, en los artículos «normales» la investigación más novedosa será normalmente más citada, siempre por supuesto comparando dentro de la misma disciplina.
  5. La calidad relativa de un investigador es difícil de medir pero se puede conseguir una aproximación razonable con sus publicaciones (cantidad, calidad de las revistas y citas específicas de sus artículos). Estos criterios son los usados en muchas de las evaluaciones tanto para la financiación de un proyecto como para una promoción en la universidad o en el CSIC. La prueba de que no es fácil es que no se usa un algoritmo que permitiera una valoración automática ni tampoco es un trabajo mecánico que pueda ser hecho por personal administrativo sino que se requiere siempre la participación de especialistas del mismo área de conocimiento y nivel similar o superior al solicitante que puedan hacer una evaluación razonada.
  6. Hay que complementar la publicación especializada con una difusión más amplia de las investigaciones. Un artículo en una revista especializada tiene por definición una audiencia reducida, los especialistas que trabajan en el mismo tema o un tema relacionado. Las agencias de financiación de la investigación requieren frecuentemente un plan de difusión de la investigación. Se piensa que es parte de un retorno: como la investigación es financiada por la sociedad con sus impuestos hay que darle cuentas de lo realizado y conseguido. Bastantes investigadores reniegan de esta exigencia y la consideran una pérdida de tiempo, un requisito molesto, una degradación. Personalmente creo que es algo necesario y adecuado, imprescindible para aumentar la cultura científica de la sociedad y aumentar el respaldo a la investigación.
  7. Los investigadores deben usar las redes sociales. No sé siquiera si en una encuesta el respaldo a esta afirmación sería mayoritario e imagino que hay también un componente generacional. Quizá es necesario distinguir entre medios de comunicación tradicional (redes sociales clásicas) y los medios digitales (redes sociales modernas). brain1Muchos investigadores usamos redes sociales pero es posible que la mayoría lo hagan más para aspectos personales que profesionales. Por otro lado, hay muchos divulgadores que utilizan con fruición las redes sociales para contar investigación aunque no sean ellos los que la han hecho. El número de científicos que usan twitter, Facebook, pinterest u otros para difundir su investigación creo que va creciendo pero es aún minoritario.

En julio de 2014, Neil Hall ha publicado un estudio en la revista Genome Biology donde establece un nuevo índice que ha denominado Indice Kardashian.

Índice Kardashian

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Medio en broma, medio en serio, Hall compara el impacto especializado de un investigador (medido mediante el número de citas de publicaciones) con el impacto social del mismo investigador (medido mediante el número de seguidores en Twitter).

Ha seleccionado una muestra de 40 investigadores que llevan un tiempo en Twitter, ha eliminado aquellas referencias iniciales de la Genómica que se han convertido en «clásicos» y por eso son citados reiteradamente y ha establecido una correlación. Por encima de un valor de 5 estarían los científicos «kardashians», aquellos que son famosos, tienen mucha presencia social, salen en programas de televisión o medios de comunicación pero luego no tienen apenas investigación relevante propia.

Aquí lógicamente no encajan los divulgadores, periodistas y otros profesionales que hacen una magnífica labor pero no hacen investigación. Valores de índice Kardashian (K-index) muy bajos significan —según Hall— científicos infravalorados, cuya investigación es reconocida por sus colegas pero no por el público en general o que simplemente no trabajan las redes sociales.

El índice Kardashian se puede definir como la razón entre el número de seguidores en Twitter (S) y el número de seguidores esperable (Se) según el número de citas de sus trabajos (C)

Se=43,3.C0,32

IK= S/Se

La revista Science exploró el índice Kardashian y resulta que:

1)     Solo 1/5 de los científicos con más impacto (con más citas) tenían una cuenta de Twitter identificable.

2)     Los tres científicos con más seguidores en Twitter tienen índices K muy altos, lo que les convertiría según Hall en científicos kardashians pero todos reconocemos un alto valor a su trabajo, para la ciencia y para la sociedad.

  • NeildeGrasse Tyson, astrofísico tiene más de 2,4 millones de seguidores en su cuenta de twitter (@neiltyson) pero solo 151 citas, así que su K-index es de 11.129.NeilTysonOriginsA-Crop_400x400
  • Brian Cox, físico, tiene 1,4 millones de seguidores en twitter (@ProfBrianCox) y 33.301 citas, por lo que su K-index es de 1.188.
  • Richard Dawkins, biólogo, tiene 1.02 millones de seguidores en twitter (@RichardDawkins), 49.631 citas, por lo que su K-index es de 740.

 

 

 

En mi caso, en el momento en que escribo esto, mis seguidores en twitter (@jralonso3) son 1.716 y las citas a mis artículos científicos 2.538, por lo que mi K-index es 3,2.

Me parece una propuesta provocadora y divertida pero creo que tiene muchos flancos débiles:

  • Igual que los mejores científicos a veces son malos profesores, pueden ser un desastre en las redes sociales y viceversa.
  • Las redes sociales priman ciertos perfiles (provocativos, exhibicionistas, conflictivos, divertidos, etc.) No son perfiles particularmente relacionados con la actividad científica.
  • El perfil público y el número de seguidores se multiplica por la presencia en medios tradicionales, en particular la televisión, que a su vez busca a la gente popular. Kim Kardashian es un buen ejemplo. Es un factor enorme de distorsión.
  • La mayoría de los científicos que estamos en Twitter no tuiteamos exclusivamente ni siquiera mayoritariamente sobre nuestra propia investigación. Son las mismas personas pero dudo que sean actividades paralelas. ¿A mayor investigación, mayor presencia en Twitter, más seguidores? No lo creo.
  • Sería interesante ver los seguidores de los investigadores que además somos profesores ¿Son nuestros alumnos? ¿Sumamos una nueva cohorte cada año?

El análisis por Science de los 50 científicos (anglosajones, aunque ellos no lo indiquen) con más seguidores en Twitter muestra otro aspecto deprimente: solo cuatro son mujeres.

TWITTER (1)El análisis por Mètode de los científicos tuiteros en España tuvo el mismo problema, las mejores no aparecían inicialmente aunque fueron detalladas en los comentarios.

El porqué es complejo. La astrónoma Pamela Gay (@starstryder), cuyos 17.000 seguidores la ponen en el puesto 33º dice que es algo que no le sorprende porque a la sociedad todavía le cuesta reconocer a mujeres como líderes en ciencia. Las científicas también tienen más probabilidades de sufrir comentarios sexistas de los típicos imbéciles que se esconden en el anonimato. Según ella decía «En algún momento te hartas con todos los comentarios del tipo “porque eres fea” o “porque estás buena”».

Algunos académicos son muy críticos sobre el tiempo dedicado a las redes sociales mientras que otros pensamos que es una herramienta útil y un tiempo bien invertido. En junio de 2014, Kim Kardashian sacó un juego para móviles (iPhone y Android) titulado Kim Kardashian: Hollywood.

El objetivo del juego es convertirte en una estrella de Hollywood o una starlet. Como muchos otros juegos para móviles, tiene una versión gratuita y luego pequeños cargos para nuevas prestaciones. El juego fue un éxito facturando 1,6 millones de dólares en sus primeros cinco días. En julio, la empresa desarrolladora, GLU Mobile, anunció que era el 5º juego según beneficios en la Apple Store. ¡Esto sí que es otro tipo de ránking y factor de impacto!

Esta entrada fue originalmente publicada en Naukas.

Fuente:

http://jralonso.es/2015/02/18/el-indice-kardashian/#more-318602

Para leer más:

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Realidad virtual . cuando el cerebro es cómplice

Por Ignacio Morgado Bernal

¿Qué pensaría usted si alguien le dijese que puede sacarlo de su propio cuerpo y trasladarle al de una muñeca Barbie? Desde luego no se lo tomaría en serio, y creería que se trata de algún truco o juego de magia. Pues ya puede empezar a pensar de otro modo porque, por increíble que le parezca, eso es lo que son capaces de conseguir un grupo de neurocientíficos del instituto Karolinska de Estocolmo. Sin drogas ni manipulaciones perjudiciales para el organismo, han demostrado que cualquiera de nosotros puede sentirse ubicado en un cuerpo, natural o artificial, diferente al suyo propio.

El asunto es más alucinante porque la percepción que tenemos de estar ubicados en nuestro  cuerpo es tan poderosa que rara vez nos planteamos cómo es eso posible. Esa percepción es extraordinariamente coherente en relación con el mundo en el que vivimos. Cuando nos desplazamos de un lugar a otro nuestra mente viaja con nuestro cuerpo, encerrada en él, como su prisionera permanente, eterna.

Los movimientos y disposiciones de nuestro cuerpo y sus partes sintonizan bien entre ellas y en relación con los objetos del mundo. Alargamos el brazo y la mano que sentimos como propios para coger una fruta del frutero o los retiramos convenientemente de un lugar donde pudieran sufrir algún daño. No concebimos como natural el que nuestra mente pudiera sentirse en un sitio diferente al de nuestro cuerpo, es decir fuera de él. Pero lo cierto es que la percepción que tenemos de nosotros mismos y nuestro cuerpo la crea el cerebro y eso debe de hacerlo de algún modo por el que los científicos se han preguntado.

En el Instituto Karolinska, Henrik Ehrsson y otros investigadores lo han descubierto. Cuidadosos e inteligentes experimentos con personas y objetos como maniquíes y muñecos han puesto de manifiesto que el cerebro crea la percepción de ubicación en nuestro cuerpo y sus límites combinando los diferentes estímulos sensoriales que recibimos, particularmente los visuales y somáticos, y estableciendo una relación sincrónica y coherente entre ellos.

Modificando artificialmente esos estímulos en el laboratorio los científicos han demostrado que cualquier persona puede trocar la ilusión de pertenecer a su propio cuerpo por la de estar ubicado en otro diferente, sea natural o artificial.Cualquier persona puede tener la ilusión de estar fuera de sí misma

Su dispositivo consiste en unos visores que permiten que el sujeto experimental visualice imágenes distantes de él mismo tomadas con cámaras de video. El experimentador, durante unos 4 minutos, va tocando el pecho del sujeto con un pequeño bastón de plástico y simultáneamente con otro bastón hace el simulacro de tocar el pecho virtual que el sujeto está viendo a través de los visores.

En esas circunstancias la mente cambia y el sujeto se percibe a sí  mismo en la distancia, más allá de donde realmente está su cuerpo, es decir, se percibe tal como lo capta en ese momento la cámara de video situada tras él. Vive sin vivir en él, podríamos decir, parafraseando a Santa Teresa.

Pero la experiencia es aún más impresionante, pues cuando el experimentador hace el simulacro de golpear con un martillo el cuerpo virtual, el sujeto siente el mismo miedo que cuando la amenaza se cierne sobre su cuerpo real.

Recientemente, Ehrsson ha ido más lejos al conseguir mediante procedimientos similares que la mente del sujeto experimental se sienta trasladada al cuerpo de otra persona, al de una pequeña muñeca Barbie, o al de un maniquí gigante. La ilusión se parece tanto a la realidad que cuando los participantes en el experimento sintieron el pequeño cuerpo de la muñeca como el suyo propio percibían los objetos circundantes como más grandes y lejanos, es decir, sentían como gigantes los dedos o el lápiz que tocaba las piernas de la muñeca, en esa situación percibidas como las suyas propias.

Algunos participantes ni siquiera se dieron cuenta del extremadamente pequeño tamaño del cuerpo de la muñeca y lo único que al parecer sintieron fue estar localizados en un mundo de gigantes. Eso significa que el tamaño que percibimos de nuestro propio cuerpo nos sirve de referencia métrica para evaluar el tamaño y las distancias de nuestro entorno, y explica también la común experiencia de sentir como más pequeños de lo que recordamos los lugares y objetos de nuestra infancia cuando los volvemos a visitar de mayores, es decir, con un cuerpo de mayor tamaño.

Aparte de su interés científico, estos experimentos pueden permitir el desarrollo de técnicas para facilitar la asimilación de prótesis en personas que hayan sufrido amputaciones, o para conocer la perspectiva del mundo desde agentes virtuales o reales. De ese modo, un cirujano puede mejorar su rendimiento sintiendo la ilusión de estar ubicado en un microrobot que practica la cirugía en el cuerpo de un paciente, un policía desactivaría más fácilmente una bomba sintiéndose ubicado en el robot que lo hace, y un ingeniero haría lo propio sintiéndose ubicado en el robot que trata de hacer las reparaciones necesarias en zonas radiactivas o peligrosas tras accidentes nucleares o desastres ecológicos. Tales ilusiones perceptivas podrían ayudar a mejorar el control y la eficacia de dichos trabajos, superando en ello a los controladores remotos clásicos.

La ciencia del cerebro no deja pues de sorprendernos.

Ignacio Morgado Bernal es catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/06/actualidad/1328534555_897603.htm

Para saber más:

http://www.neuro.ki.se/ehrsson/pdfs/Ehrsson-Science-2007-with-SOM.pdf

 

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Recordando neurocientíficos visionarios: Vernon B. Mountcastle

Vernon B.Mountcastle (Shelbyville, Kentucky, 1918), fallecido el día 11 del mes pasado, descubrió que la corteza cerebral se estructura en columnas de neuronas cuyas conexiones forman circuitos locales, considerados la unidad funcional del cerebro. Su hallazgo ha sido “seguramente la contribución más importante desde Cajal para comprender la corteza cerebral”, según expresó David Hubel en su discurso de aceptación del premio Nobel de Medicina en 1998. Las columnas de la corteza cerebral, agrupadas en módulos, son cruciales para aclarar los mecanismos de la conciencia en el cerebro o para construir cerebros artificiales o máquinas pensantes.

Mountcastle se licenció en Medicina en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore en 1942 y permaneció ligado a ella hasta su jubilación, en 2005. En 1957 descubrió que las neuronas de la corteza cerebral con las mismas propiedades funcionales estaban agrupadas en columnas, la “unidad elemental” que Rafael Lorente de Nó había descubierto en los años treinta.

Algunos años más tarde, en 1962, Hubel y Wiesel realizaron la misma observación en la corteza visual. Las aportaciones de Mountcastle han tenido un enorme impacto en la interpretación del cerebro. Su mente abierta a la innovación técnica o metodológica le impulsó a ser uno de los pioneros en el uso de microelectrodos para el registro de la actividad de las neuronas, dando un paso decisivo al combinar por primera vez técnicas electrofisiológicas y métodos de conducta en el estudio de la percepción.

Como consecuencia de sus estudios introdujo la idea de que la función cerebral se organiza como un sistema distribuido, lo que quiere decir que el cerebro almacena la información en poblaciones de neuronas, información que se recupera a partir de múltiples módulos distribuidos en el sistema nervioso. Cada tarea que realizamos activa dinámicamente una red de estos módulos, que se organizan cada vez de manera diferente.

Los descubrimientos de Mountcastle sobre la organización y funcionamiento del cerebro tendrán repercusiones sobre nuestra vida a través de las aplicaciones robóticas e informáticas en inteligencia artificial que vayan desarrollándose. Sin embargo, servirán sobre todo para comprender cómo funciona nuestro cerebro, cómo surge nuestra conciencia o cómo se desenvuelve nuestra relación con los demás.

 Autor: Carlos Acuña Castroviejo es catedrático de Neurociencia y académico de Medicina.

Fuente http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/03/actualidad/1423000747_193840.html

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Neuroeducación: individualidad y funciones sociales complejas

La adquisición del conocimiento abstracto es, sin duda, una de las funciones más complejas desarrolladas por el cerebro humano. Aprender en el colegio, en la universidad o simplemente aprender atendiendo a una conferencia un día cualquiera en alguna parte es una tarea muy complicada que requiere tiempo atencional…………………………………………….

Junto a esto hay algunos otros requerimientos, como un soporte emocional que, de alguna manera y quizás de un modo adelantado e inconsciente, permita esperar un aplauso o un reconocimiento por aquello que se ha aprendido, sea sobre lo nuevo escuchado en la clase, el éxito en los exámenes, el éxito social o desde luego en los niños e aplauso de los padres cuando al regresar a casa traen el dibujo o la redacción realizada…………………………………….

Estas funciones son difíciles pues requieren no solo la avivación de los procesos de aprendizaje y memoria, sino también la inhibición mental de todos aquellos pensamientos o emociones que saltan constantemente a la mente y la dispersan.

De hecho, se estima que pahttps://neurocienciaparapsicologosdotcom.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=1528&action=edit&message=6&postpost=v2ra una buena concentración tenemos que (de modo temporal) inhibir el 99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello, y aún así ese 1% cambia con las circunstancias. Pues bien, estos procesos inhibitorios de tanta importancia en cualquier funcion ejecutiva residen sobre todo en circuitos neuronales de la corteza prefrontal y, como ya hemos señalado, su desarrollo se encuentra alrededor de los 6 años de edad. De modo más formal, estas funciones complejas se han definido como:

“Aquellas capacidades que permiten a una persona llevar a cabo con éxito una conducta con un propósito determinado”

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Estas funciones se conocen también como funciones de autocontrol o control cognitivo de uno mismo. Es decir, en esencia son conductas que refieren a toda aquella actividad cerebral que implica lo que entendemos por ética. Hoy sabemos que, en gran medida, todo ello depende, tras recibir una sólida educación, del funcionamiento correcto de diferentes áreas de la corteza prefrontal……………………………………………………………………………………….

Parece muy claro que aquellos aspectos básicos de la conducta, como la memoria de trabajo, la inhibición de la impulsividad y el cambio constante del foco atencional, así como la toma de decisiones y la solución de problemas nuevos, se potencian de modo significativo con la exposición de los niños a una educación formal (maestro-otros niños-reglas de comportamiento)……………………………………………………………………………….

Hoy sabemos que estas capacidades ejecutivas tiene un pico de desarrollo en los niños desde los tres a los ocho años, un período generalmente marcado por la  transición entre la entrada en el colegio (enseñanza preescolar y en el seno de la familia) a las enseñanzas regladas, periodo y colegio, como ya hemos visto, que permiten detectar capacidades y déficit en el desarrollo de estas funciones complejas. Hay un método que se utiliza para medir estas funciones ejecutivas, el DCCS (Dimensional Change Card Sort) . En él la tarea requiere que, de un montón de cartas, los niños escojan una serie de ellas de acuerdo a una determinada característica, sea por ejemplo el color, y después, mientras las seleccionan, se les pide a los niños que cambie la estrategia y esta vez lo hagan según otra característica añadida a ese color, por ejemplo, una cierta forma de la carta. Pues bien, en ese grupo se comprobó que existen dos grupos de niños bien definidos:

– aquellos con capacidad de cambiar sin problemas de solo escoger acorde a una característica a hacerlo a dos y

– aquellos otros que mostraron dificultad o lo hicieron muy despacio o se equivocaron más cuando cambiaron a elegir siguiendo dos características.

El seguimiento de estos niños a los pocos años sugirió que quienes cambiaron la estrategia con facilidad y sin errores presentaban más capacidad para desarrollar funciones ejecutivas (las que requieren cambios y decisiones constantes) y, también desarrollaron una mayor facilidad en el proceso de aprendizaje.

Frete a estos últimos, los niños que cometieron errores fueron más lentos y mostraron más deficiencias en el desarrollo de tareas ejecutivas. Se ha especulado que estos hallazgos podrían conducir a diseñar tratamientos conductuales tempranos para mejorar las destrezas en estos niños.

 

Fuente:

Mora Teruel , Francisco: “Neuroeducación, solo se puede aprender aquello que se ama” Ed. Alianza (2013) ; cap. 11 -pag. 107-112 (editado)

 

 

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