Adolf Tobeña: Cerebro y Poder

Mucha gente, sobre todo en determinados ambientes de poder, guarda la certeza de que, en realidad, quien logra imponer el mando en los ambientes políticos y económicos es, como en las manadas, quien más fuerza tiene. Y a una conclusión similar llega el Director del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Universidad Autónoma de BarcelonaAdolf Tobeña:

el poder social, ese que se manifiesta como la capacidad de salirse con la suya y de dominar a los demás, tiene que ver en primera instancia, y tanto en hombres como en mujeres, con la testosterona”.

Tobeña expone sus argumentos al respecto en Cerebro y poder (Ed. La esfera de los libros), un texto nacido nace de una reunión de amigos en la que se debatía acerca de una supuesta falta de fibra de los catalanes de esta época para plantearse grandes desafíos, en el ámbito empresarial o político.

Cuando el autor puso su tesis sobre la mesa, el resto de intervinientes la ridiculizaron en seguida. Una reacción que es comprensible, según el psiquiatra catalán, toda vez que “nuestro cerebro nos transmite continuamente la sensación de que no estamos sujetos a las exigencias de la biología, de que tenemos muchos grados de libertad. A eso se le ha llamado espíritu, mente o alma. Y como se quiere preservar ese espacio, no nos gusta plantear las cosas en términos mecanicistas, lo que explica las resistencias que generan estas explicaciones tanto a derecha como a izquierda”.

Y, sin embargo, según Tobeña, estamos ante una idea sostenida desde antiguo. Todas las épocas han tenido claro que el poder es asunto de ponerle coraje.

Lo que ocurre es que “como el poder actual es complejo (en él se citan el dinero, las influencias, la pillería o las coaliciones entre individuos) la reacción habitual es decir que esa explicación es una chorrada.

Pero hay un territorio en el que el poder siempre se dirime cara a cara, ya sea en el ámbito doméstico, en el laboral o en el profesional, y ahí gana el que tiene más arrestos y más aguante. Y eso es fruto del cóctel de hormonas que su cuerpo fabrica, que son los que le dan el ímpetu y el coraje”.

Si no fuera por estas hormonas, siendo la principal la testosterona (que se secreta en los testículos pero también, en menores cantidades, en la piel y en las cápsulas suprarrenales de las mujeres) “no se entendería por qué hay gente sabia, trabajadora e inteligente que se queda en la fila inferior y otros, menos dotados pero más sagaces que se espabilan hasta llegar a la cumbre”.

Una parte importante de los mecanismos que permiten a personas con menos cualidades objetivas pero más avispadas subir los escalones del éxito, consisten, según el catedrático de psicología médica y psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona, en no reconocer nunca el deseo de influir y dominar.

“Las posibilidades de ganar en el juego dependen de tu sagacidad y tu insistencia, pero también de la de los demás; si puedes ocultar tus intenciones, contarás con ventaja”.

Un segundo motivo tendría que ver con los fundamentos culturales:

“Nuestra tradición, que es la cristiana, aquella en la que antes entra un rico por el ojo de la aguja que en el Reino de los Cielos, nos lleva a ocultar decididamente las ansias de poder. En la tradición protestante o en la judía, sin embargo, no está tan mal vistas”.

Habría, afirma Tobeña, algunos sectores empresariales en los que el deseo públicamente expresado de triunfar, de ser el primero, resultaría muy valorado, como ejercicio de sinceridad y como prueba de ambición.

Pero socialmente, el único ámbito donde esa clase de discurso puede aparecer es en el deporte. “Y por eso nos apasiona tanto. Porque, en el fondo, lo que nos atrae es quien gana y quien pierde, y eso en el deporte se ritualiza: si sabemos el resultado de un partido, ya deja de interesarnos. Pasa igual con los Oscar. O con la bolsa, donde lo importante es quién sube y quién baja. Y en las contiendas electorales”

En ese proceso por alcanzar altas cotas de poder resultan primados, según Tobeña, quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador.

Los seres crueles, astutos, dominantes, persuasivos, falsos, manipuladores y audaces parten con ventaja. “Ya Maquiavelo, Hobbes o Talleyrand afirmaron que para llegar a la cima del poder político y mantenerse hay que ser bastante bribón”.

Pero,

¿sólo en la política?

¿No estaríamos ante características necesarias para alcanzar el poder en todos los ámbitos, incluidos el empresarial o el académico?

Desde luego, ocurre en todas partes, también en la empresa o en la universidad. Con una salvedad, el ámbito de la ciencia. Porque si es cierto que en el ámbito académico es posible utilizar esas cualidades para medrar, es mucho más difícil hacerlo en el científico, ya que es un sector que contiene reglas sibilinas que permiten que el bribón o el granuja sean descubiertos. Así, alguien puede afirmar que ha realizado un descubrimiento, pero hasta que eso que afirma no puedan repetirlo los demás llegando a idénticos resultados, no será creído. Y aunque algunos granujas prosperen, esta clase de reglas hace que tarde o temprano sean descubiertos”.

En la medida en que cree que son determinadas cualidades personales las que permiten alcanzar las cotas más altas del éxito profesional o empresarial, Adolf Tobeña resta validez a esa convicción tan extendida según la cual el poder corrompe.

“Más bien, selecciona a sujetos que ya llevan en sí unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo ajeno en provecho propio”.

Si bien el catedrático reconoce que hay mecanismos en el poder que alteran voluntades, y que en ocasiones hay gentes honestas que fueron corrompidas cuando ocuparon altos cargos,

“lo cierto es que esto es la excepción. La regla es que quienes se encumbran tienen facilidades temperamentales para dejarse corromper y a traicionar a los que les acompañaron, porque pesa más el medro personal que los intereses colectivos. Y esto es muy frecuente en la política”.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/cache/2008/02/13/12_poder_asunto_cojones.html

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Adolf Tobeña hablará de estas y otras cuestiones relacionadas con la neurociencia y la política el 31 de octubre a las 19hs en la segunda conferencia del ciclo “Neurociencia para Psicólogos” (ver programa)

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Acerca de rferrar

Lic. en Psicología, psicoterapeuta, experta en psicología de Internet y Ciberpsicología. Interesada en el cambio de paradigma que la neurociencia plantea a los profesionales psi.-
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