¿Qué neuro-revolución? el público piensa que la neurociencia es irrelevante

Por : Cristian Jarret

Me parece que el interés en el cerebro se ha disparado, visto las enormes inversiones en neurociencia hechas por USA y Europa (BRAIN y HUMAN BRAIN PROJECT),  el aumento de noticias relacionadas con temas de neurociencia y, sobre todo, me he dado cuenta de que periodistas y bloggers a menudo encuadran sus historias como si se tratara del cerebro opuesto a la persona.

Veamos estos titulares recientes: ““¿Por qué tu cerebro adora las buenas narraciones?”(Harvard Business Review); “Como Netflix está cambiando nuestros cerebros y por qué esto puede que no sea bueno”(Forbes); y¿Por qué tu cerebro quiere ayudar a un niño necesitado pero no a millones?”  (NPR). Hay cientos más, y en cada caso, el titular podría ser acerca de “tí” pero el que escribe elige que sea acerca de “tu cerebro”.

Tomemos también en cuenta nuevos campos de trabajo como el neuroliderazgo, la neuroestética y la neurociencia forense. Solo era una cuestión de tiempo antes de que alguien anunciara que estábamos en mitad de una neuro-revolución y en 2009, fué Zach Lynch quien lo hizo, publicando su The Neuro Revolution : How Brain Science is Changing our World.-

Habiendo dicho todo esto, soy consciente de que mi propia perspectiva está fuertemente sesgada. Me gano la vida escribiendo sobre neurociencia y psicología. Estoy al día en este tema, pero puede que las inversiones en investigación y los titulares obsesionados con el cerebro sean absolutamente intrascendentes para el gran público. Recientemente ahondé en estas cuestiones y me sorprendió lo que encontré.

No hay mucha investigación al respecto, pero la que existe (como ésta, sobre el cerebro adolescente) sugiere que la neurociencia aún no ha impactado en el día a día de la gente. De hecho he incluido como mito #20, en mi nuevo libro Great Myths of the Brain el siguiente : “La neurociencia está transformando el autoconocimiento de la humanidad”

Y ahora, hay todavía más evidencia de que la neuro-revolución está en suspenso. Cliodhna O´Connor y Helen Joffe de UCL en Londres han publicado los resultados de 48 entrevistas y su principal hallazgo es que la gente siente que la neurociencia es irrelevante para ellos. Las investigadores armaron la muestra en base a diferencias sociales, tanto en edad como en género. La mitad leía periódicos tradicionales y la otra mitad tabloides. Ninguna tenía formación formal en neurociencia o psicología. Los participantes fueron entrevistados durante una hora y media acerca de qué ideas se les ocurría cuando pensaban en temas de investigación sobre el cerebro.

O´Connor y Joffe observaron que una característica de las entrevistas fue el desconcierto y malestar de los participantes sobre el tema. La gente decía que la ciencia del cerebro es interesante, pero el 71% pensaba que no era relevante en sus vidas. La mayoría decía no haber encontrado información sobre neurociencia en los medios. Simplemente, para ellos la investigación sobre el cerebro era vista como una rama de la ciencia, que era parte de un mundo remoto; “Me hace pensar en la típica imagen de un hombre raro con guardapolvo blanco” dijo una mujer.  Un hombre comentó ” Me imagino un mono o un perro con la cabeza llena de electrodos”.

A pesar de que la mayoría de los participantes consideraba a la neurociencia como algo sin importancia, la excepción a la regla fue su propia experiencia en enfermedades neurológicas o psiquiátricas o su miedo a sufrirlas. En este caso, el cerebro era una fuente de ansiedad, un órgano ignorado que salía a la luz cuando algo iba mal.

Para esta gente, la neurociencia era vista como una rama de la medicina. De hecho usaban términos como “neurociencia” y “neurocirugía” o “neurocientífico” y “neurólogo” en forma indistinta. Estaban especialmente preocupados por la demencia, el cáncer cerebral y el ACV.

Para aquellos participantes que habían sufrido enfermedades mentales, la neurociencia aparecía como si hubiera legitimado sus problemas, sostenido en la creencia de que la enfermedad mental es solo un balance neuroquímico. (Mito#41 de mi libro).

“Me deprimía severamente. Pero, por supuesto, como no conocía que la razón era puramente química, lo tomé como que así eran mi vida y mis sentimientos reales” , dijo un hombre lector habitual de periódicos.

En sus conclusiones, O´Connor y Joffe dicen : ” Parece que a pesar de la preeminencia de la neurociencia dentro de las instituciones publicas como los medios de comunicación, la investigación aún no ha  alcanzado a impactar en el repertorio conceptual del ciudadano promedio”. Y agregan “El conocimiento neurocientífico, simplemente no cumple ninguna función psico social de importancia

Una teoría por la que explican este desapego es que la gente prefiere no pensar en como trabaja su cerebro. Para  apoyarla, se basan en algunas afirmaciones de los participantes, acerca de que no les agradaba pensar en lo que pasa dentro de su cráneo. “La gente se resiste a contemplar lo que pasa en su cuerpo” escriben O´Connor y Joffe. ” Como resultado, el conocimiento neurocientífico queda apartado de su vida diaria”. “Una neuro-sociedad es más una fantasía teórica que una realidad”.

Por supuesto, este nuevo estudio viene con una advertencia- era una muestra pequeña tomada en una cultura particular -. Sería interesante ver que pasa si se replica en otras ciudades. Si lo hacen y los resultados son los mismos, me preguntaría por qué los periodistas son entonces tan afectos a envolver sus artículos en cuestiones cerebrales y por qué los vendedores están usando el cerebro como una marca tanto en neuromarketing como en neuroliderazgo. ¿Acaso se están equivocando?

 

Fuente: http://www.wired.com/2014/11/neuro-revolution-public-find-brain-science-irrelevant-anxiety-provoking/

Traducción : Raquel Ferrari

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A la pregunta de Jarret ¿Se están equivocando?, la respuesta es- en mi opinón- que no, no se están equivocando. Creemos que  se trata de dos cuestiones diferentes. Por una parte, hay un evidente abuso, una frivolización del tema, pero también es cierto que las investigaciones científicas puras siguen estando alejadas del día a día de las personas. Y está bien que así sea.

No se están equivocando, están siguiendo una tendencia y aprovechando un filón informativo que suponen más rentable, pero ya pasará. Clásicamente se ha discutido si los medios construyen opinión pública o si la reflejan. En este tema, es posible que esten construyendo opinión, por lo que es lógico que el gran público no termine aún de aceptar masivamente estos temas.

Quizás se trate de no confudir la divulgación como producto de consumo, que supone acercar al lector en un lenguaje accesible información relativa al funcionamiento del cerebro, con la tendencia al reduccionismo biológico como forma de legitimar contenidos en temas como el management o el marketing.

Como consecuencia del abuso de términos como “evidencia” y el desprestigio de conceptos tales como  “subjetividad”, “mente” , “sociedad”, “historia”, “conflicto” hemos caído en la simplificación burda de los aportes innegables que el estudio del cerebro está produciendo en la medicina y la psicología, pero también en las ciencias sociales.

Ya no dan el pego los artículos  estilo “Le Monde Diplomatique”. No se venden libros sobre cuestiones sociales o filosofía. Todo debe ser de rápido entendimiento : me deprimí porque voy escasa de serotonina, la gente vota de derechas cuando su amígdala dispara la señal de miedo, mató al gato porque su corteza pre frontal estaba dañada.

Y de allí a creer que “es más serio” hacer referencia a  la “gratificación”, la “memoria episódica” o  la “corteza pre-frontal” y que esto será más aceptado, hay solo un paso. La investigación que comenta Jarret llega a una conclusión obvia: la vida de la gente no ha cambiado porque ahora escuchen hablar más sobre sus cerebros. Y no cambiará, como no ha cambiado por saber que existe la vacuna contra la poliomielitis o que el cáncer ya no mata tan a menudo.

Las representaciones sociales de los grandes temas que mueven a los grupos están hechas de palabras que agrupan prejuicios, información fragmentada, miedos y expectativas y no de evidencias acerca del funcionamiento de neurotransmisores y conexiones neuronales.

Y eso es válido también para la narrativa acerca de nuestra propia historia y de las razones de los que nos pasa. Por eso no pasa ni pasará el que nadie sienta que está inmerso en una epifanía colectiva por leer un artículo sobre Netflix o porque le expliquen como elige su cerebro en las góndolas del supermercado.

No se trata, como dicen las autoras,  de que la gente tema saber que pasa dentro de su cabeza, simplemente no necesita saberlo, como no necesita conocer las leyes de la física que explican que tenga agua corriente en su baño o las de la mecánica que actúan cuando enciende su automóvil cada mañana. Pero, sobre todo en las ciencias sociales, existe un complejo de patito feo que impulsa a adoptar un lenguaje “neuro”.

La neurociencia es un área de estudio de máximo interés, que seguramente aportará cambios fundamentales en la prevención primaria, secundaria y terciaria de enfermedades psiquiátricas y neurológicas en las próximas décadas.  Suponer que  este conocimiento eliminará la importancia de lo social, lo cultural o los procesos mentales o afectivos es reducir la importancia de estos temas en un intento de biologización destinado al fracaso.

Raquel Ferrari

 

 

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Acerca de rferrar

Lic. en Psicología, psicoterapeuta, experta en psicología de Internet y Ciberpsicología. Interesada en el cambio de paradigma que la neurociencia plantea a los profesionales psi.-
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