Neuroeducación: individualidad y funciones sociales complejas

La adquisición del conocimiento abstracto es, sin duda, una de las funciones más complejas desarrolladas por el cerebro humano. Aprender en el colegio, en la universidad o simplemente aprender atendiendo a una conferencia un día cualquiera en alguna parte es una tarea muy complicada que requiere tiempo atencional…………………………………………….

Junto a esto hay algunos otros requerimientos, como un soporte emocional que, de alguna manera y quizás de un modo adelantado e inconsciente, permita esperar un aplauso o un reconocimiento por aquello que se ha aprendido, sea sobre lo nuevo escuchado en la clase, el éxito en los exámenes, el éxito social o desde luego en los niños e aplauso de los padres cuando al regresar a casa traen el dibujo o la redacción realizada…………………………………….

Estas funciones son difíciles pues requieren no solo la avivación de los procesos de aprendizaje y memoria, sino también la inhibición mental de todos aquellos pensamientos o emociones que saltan constantemente a la mente y la dispersan.

De hecho, se estima que para una buena concentración tenemos que (de modo temporal) inhibir el 99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello, y aún así ese 1% cambia con las circunstancias. Pues bien, estos procesos inhibitorios de tanta importancia en cualquier funcion ejecutiva residen sobre todo en circuitos neuronales de la corteza prefrontal y, como ya hemos señalado, su desarrollo se encuentra alrededor de los 6 años de edad. De modo más formal, estas funciones complejas se han definido como:

“Aquellas capacidades que permiten a una persona llevar a cabo con éxito una conducta con un propósito determinado”

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Estas funciones se conocen también como funciones de autocontrol o control cognitivo de uno mismo. Es decir, en esencia son conductas que refieren a toda aquella actividad cerebral que implica lo que entendemos por ética. Hoy sabemos que, en gran medida, todo ello depende, tras recibir una sólida educación, del funcionamiento correcto de diferentes áreas de la corteza prefrontal……………………………………………………………………………………….

Parece muy claro que aquellos aspectos básicos de la conducta, como la memoria de trabajo, la inhibición de la impulsividad y el cambio constante del foco atencional, así como la toma de decisiones y la solución de problemas nuevos, se potencian de modo significativo con la exposición de los niños a una educación formal (maestro-otros niños-reglas de comportamiento)……………………………………………………………………………….

Hoy sabemos que estas capacidades ejecutivas tiene un pico de desarrollo en los niños desde los tres a los ocho años, un período generalmente marcado por la  transición entre la entrada en el colegio (enseñanza preescolar y en el seno de la familia) a las enseñanzas regladas, periodo y colegio, como ya hemos visto, que permiten detectar capacidades y déficit en el desarrollo de estas funciones complejas. Hay un método que se utiliza para medir estas funciones ejecutivas, el DCCS (Dimensional Change Card Sort) . En él la tarea requiere que, de un montón de cartas, los niños escojan una serie de ellas de acuerdo a una determinada característica, sea por ejemplo el color, y después, mientras las seleccionan, se les pide a los niños que cambie la estrategia y esta vez lo hagan según otra característica añadida a ese color, por ejemplo, una cierta forma de la carta. Pues bien, en ese grupo se comprobó que existen dos grupos de niños bien definidos:

– aquellos con capacidad de cambiar sin problemas de solo escoger acorde a una característica a hacerlo a dos y

– aquellos otros que mostraron dificultad o lo hicieron muy despacio o se equivocaron más cuando cambiaron a elegir siguiendo dos características.

El seguimiento de estos niños a los pocos años sugirió que quienes cambiaron la estrategia con facilidad y sin errores presentaban más capacidad para desarrollar funciones ejecutivas (las que requieren cambios y decisiones constantes) y, también desarrollaron una mayor facilidad en el proceso de aprendizaje.

Frete a estos últimos, los niños que cometieron errores fueron más lentos y mostraron más deficiencias en el desarrollo de tareas ejecutivas. Se ha especulado que estos hallazgos podrían conducir a diseñar tratamientos conductuales tempranos para mejorar las destrezas en estos niños.

 

Fuente:

Mora Teruel , Francisco: “Neuroeducación, solo se puede aprender aquello que se ama” Ed. Alianza (2013) ; cap. 11 -pag. 107-112 (editado)

 

 

Anuncios

Acerca de rferrar

Lic. en Psicología, psicoterapeuta, experta en psicología de Internet y Ciberpsicología. Interesada en el cambio de paradigma que la neurociencia plantea a los profesionales psi.-
Minientrada | Esta entrada fue publicada en neurociencia, neurociencia y educación y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s