Recordando neurocientíficos visionarios: Vernon B. Mountcastle

Vernon B.Mountcastle (Shelbyville, Kentucky, 1918), fallecido el día 11 del mes pasado, descubrió que la corteza cerebral se estructura en columnas de neuronas cuyas conexiones forman circuitos locales, considerados la unidad funcional del cerebro. Su hallazgo ha sido “seguramente la contribución más importante desde Cajal para comprender la corteza cerebral”, según expresó David Hubel en su discurso de aceptación del premio Nobel de Medicina en 1998. Las columnas de la corteza cerebral, agrupadas en módulos, son cruciales para aclarar los mecanismos de la conciencia en el cerebro o para construir cerebros artificiales o máquinas pensantes.

Mountcastle se licenció en Medicina en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore en 1942 y permaneció ligado a ella hasta su jubilación, en 2005. En 1957 descubrió que las neuronas de la corteza cerebral con las mismas propiedades funcionales estaban agrupadas en columnas, la “unidad elemental” que Rafael Lorente de Nó había descubierto en los años treinta.

Algunos años más tarde, en 1962, Hubel y Wiesel realizaron la misma observación en la corteza visual. Las aportaciones de Mountcastle han tenido un enorme impacto en la interpretación del cerebro. Su mente abierta a la innovación técnica o metodológica le impulsó a ser uno de los pioneros en el uso de microelectrodos para el registro de la actividad de las neuronas, dando un paso decisivo al combinar por primera vez técnicas electrofisiológicas y métodos de conducta en el estudio de la percepción.

Como consecuencia de sus estudios introdujo la idea de que la función cerebral se organiza como un sistema distribuido, lo que quiere decir que el cerebro almacena la información en poblaciones de neuronas, información que se recupera a partir de múltiples módulos distribuidos en el sistema nervioso. Cada tarea que realizamos activa dinámicamente una red de estos módulos, que se organizan cada vez de manera diferente.

Los descubrimientos de Mountcastle sobre la organización y funcionamiento del cerebro tendrán repercusiones sobre nuestra vida a través de las aplicaciones robóticas e informáticas en inteligencia artificial que vayan desarrollándose. Sin embargo, servirán sobre todo para comprender cómo funciona nuestro cerebro, cómo surge nuestra conciencia o cómo se desenvuelve nuestra relación con los demás.

 Autor: Carlos Acuña Castroviejo es catedrático de Neurociencia y académico de Medicina.

Fuente http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/03/actualidad/1423000747_193840.html

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Acerca de rferrar

Lic. en Psicología, psicoterapeuta, experta en psicología de Internet y Ciberpsicología. Interesada en el cambio de paradigma que la neurociencia plantea a los profesionales psi.-
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